
Sacerdote, filósofo y docente
Catedrático en La Habana y presidente de El Museo Canario, participó en los debates filosóficos cubanos y conservó documentos juveniles de su alumno Benito Pérez Galdós.
Sacerdote, filósofo y docente · 1833–1912

Sacerdote, filósofo y docente
Catedrático en La Habana y presidente de El Museo Canario, participó en los debates filosóficos cubanos y conservó documentos juveniles de su alumno Benito Pérez Galdós.
Teófilo Martínez de Escobar y Luján nació en Las Palmas de Gran Canaria el 26 de octubre de 1833. Falleció en la misma ciudad el 21 de febrero de 1912. Sacerdote, filósofo y docente, desarrolló una carrera entre Canarias, Sevilla y Cuba. Su importancia cultural procede de la enseñanza universitaria, de los debates sobre la filosofía y la educación en La Habana y de su contribución a El Museo Canario. Fue hijo del abogado y poeta Bartolomé Martínez de Escobar y de Francisca Luján, hija del escultor José Luján Pérez.
Se formó en el Seminario Conciliar de Las Palmas, donde estudió filosofía, teología, derecho canónico y griego. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de abril de 1857 y ejerció como teniente cura en Teror. Entre 1859 y 1862 enseñó latín y griego en el colegio de San Agustín. Uno de sus alumnos fue Benito Pérez Galdós. Ambos proyectaron escribir Un viaje de impresiones, y el manuscrito de esa colaboración pasó al museo por donación de Teófilo en 1904.
Continuó sus estudios en la Universidad de Sevilla y obtuvo el doctorado en Filosofía en 1873. También enseñó en el colegio de San Fernando y estuvo vinculado a la docencia universitaria de Metafísica. En 1874 se encontraba en Cuba, autorizado para ejercer la enseñanza privada. En abril de 1875 fue nombrado catedrático interino de Metafísica en la Universidad de La Habana; obtuvo la plaza en propiedad en diciembre de 1880. Más tarde enseñó Estética e Historia crítica de la Literatura española y asumió temporalmente el decanato de la facultad.
Su pensamiento estaba próximo al krausismo y se oponía al positivismo. La lección inaugural del curso de 1879, conocida como Positivismo y lo Absoluto, provocó una polémica con Enrique José Varona. El desacuerdo afectaba al papel de la metafísica, al fundamento de la moral y a la relación entre el conocimiento de los fenómenos y la idea de un absoluto. Esta discusión lo sitúa dentro de una historia intelectual cubana en la que la enseñanza universitaria fue también escenario de enfrentamientos filosóficos.
Fundó el colegio de primera y segunda enseñanza La Gran Antilla en La Habana en 1879. Su orientación liberal krausista convivía con una cercanía a los intereses españoles en la isla colonial. La compatibilidad entre la cátedra universitaria y la dirección del colegio generó un expediente administrativo; renunció a la dirección y mantuvo las funciones de empresario y profesor. Sus enfermedades motivaron varias licencias y finalmente la jubilación, concedida en julio de 1891.
Desde Cuba colaboró en la fundación de El Museo Canario como socio corresponsal. Presidió la sociedad entre 1896 y 1907, después de Domingo José Navarro. Donó su biblioteca y documentos de Galdós, vinculando su trayectoria docente con la conservación del patrimonio escrito. Su legado reúne la circulación de ideas y proyectos educativos por el Atlántico y una labor concreta de custodia documental. Murió en el domicilio familiar de la calle López Botas, próximo a la institución que había presidido.