Basalto
Roca volcánica máfica, pobre en sílice y rica en hierro y magnesio. Es la roca más abundante en Canarias y origina coladas muy fluidas.
Del magma a la roca: basalto, escorias, piroclastos, tubos y diques como claves para leer la historia de cada isla.
Cada roca que se ve en Canarias es el resultado final de un viaje que comienza en el manto y termina en la superficie, a veces en cuestión de días o semanas. El magma que asciende desde profundidad puede solidificarse bajo tierra, formando cuerpos intrusivos como diques y lacolitos, o bien salir al exterior como lava y convertirse en rocas volcánicas extrusivas. La diferencia entre una y otra no es solo el lugar donde se enfría, sino también la velocidad de enfriamiento y, por tanto, el tamaño de los cristales que contienen. En un mismo afloramiento se pueden encontrar basalto con cristales apenas visibles, junto a diques gruesos con minerales de varios centímetros, lo que permite reconstruir si cada material se formó en superficie o en profundidad.[1]

El ciclo magma-lava-roca explica la mayor parte de la diversidad petrográfica de Canarias. El magma es una mezcla de fundido, cristales y gases; cuando pierde los gases y se enfría rápidamente en superficie, forma una roca volcánica extrusiva. Si se enfría lentamente bajo tierra, los cristales tienen tiempo de crecer y da lugar a rocas intrusivas como gabros o dioritas.[1]
La textura de una roca volcánica, es decir, el tamaño y la disposición de sus cristales, es una huella del lugar y la velocidad de enfriamiento. Los basalto con textura afanítica se enfrían en horas o días; los fonolitas o traquitas con fenocristales grandes indican una historia más compleja con almacenamiento y cristalización fraccionada.[1]
Los basalto son las rocas más abundantes en Canarias. Se caracterizan por ser ricos en hierro y magnesio, pobres en sílice y, por tanto, muy fluidos cuando salen como lava. Dentro de los basalto se distinguen variedades como el basanita, el tefrita y el fonolita basáltica, según su contenido en minerales félsicos y olivino. Estas diferencias reflejan distintos grados de fusión y evolución en el manto y en las cámaras magmáticas.[1]
Junto a los basalto aparecen rocas ultramáficas como peridotitas y piroxenitas, especialmente en el Complejo Basal de Fuerteventura y La Gomera. Estas rocas representan fragmentos de manto y de corteza oceánica profunda que fueron arrancados y transportados por el magma durante la etapa submarina.[1][2]
A medida que un magma basáltico se diferencia, pierde hierro y magnesio y gana sílice, aluminio y volátiles. El resultado son rocas más evolucionadas como traquitas, fonolitas y, en casos extremos, riolitas. En Canarias, estos materiales son menos voluminosos que los basalto, pero construyen algunos de los domos y coladas más visibles del paisaje, como los roques de Tenerife y Gran Canaria.[1]
La presencia de rocas evolucionadas en el mismo edificio que basalto primitivo indica que el sistema magmático no es una simple columna ascendente, sino una red de cámaras donde tienen lugar procesos de cristalización, mezcla y contaminación cortical. Esta complejidad explica la variedad de composiciones que puede encontrarse en una misma isla.[1]
Los piroclastos son fragmentos de toda clase de tamaños expulsados por la fuerza de los gases. En el campo se clasifican por diámetro: ceniza menor de dos milímetros, lapilli entre dos y sesenta y cuatro milímetros, y bombas o bloques por encima de ese límite. Los depósitos piroclásticos pueden formar estratos bien definidos que permiten leer episodios explosivos individuales dentro de una erupción mayor.[1]
En Canarias, los depósitos de escoria son especialmente abundantes en conos de erupciones estrombolianas, mientras que las ignimbritas, producto de erupciones más violentas, son menos frecuentes pero se encuentran en el registro geológico de algunas islas. La identificación de estos depósitos es fundamental para reconstruir la historia eruptiva y evaluar el potencial explosivo de cada centro volcánico.[1]
Las coladas de lava son el producto más característico del volcanismo efusivo canario. Su avance depende de la viscosidad, la pendiente y la tasa de emisión. En pendientes suaves, una colada basáltica puede extenderse varios kilómetros, mientras que en terrenos más empinados el flujo se acelera y puede formar canales. La superficie puede ser lisa, con textura de cuerda, o áspera y fragmentada.[1]
Los tubos volcánicos se forman cuando la superficie de una colada se solidifica y el interior sigue circulando aislado del exterior. Este mecanismo permite que la lava transporte calor a grandes distancias sin enfriarse. En Lanzarote, la Cueva de los Verdes y la Cueva de San Ginés son ejemplos accesibles de esta morfología, aunque en el archipiélago existen muchos más tubos parcialmente colapsados.[1]
Los diques son cuerpos intrusivos que cortan las rocas preexistentes y suelen ser más resistentes a la erosión que el material que las rodea, por lo que afloran en forma de murallas o crestas. Su orientación indica la dirección de máxima tensión en el momento de la intrusión y, por tanto, ayuda a reconstruir la estructura del edificio volcánico.[1]
Los almagres son horizontes de arcillas rojizas formadas por la alteración de materiales volcánicos ricos en hierro. Entre colada y colada, los paleosuelos registran pausas erosivas que pueden durar miles de años, lo que permite datar la secuencia eruptiva y reconocer periodos de inactividad. En un afloramiento bien expuesto, cada almagre separa dos episodios eruptivos distintos.[1]
Roca volcánica máfica, pobre en sílice y rica en hierro y magnesio. Es la roca más abundante en Canarias y origina coladas muy fluidas.
Fragmento de magma, lava o roca expulsado durante una erupción explosiva. Según su tamaño se clasifica en bomba, lapilli o ceniza.
Fragmento vesicular de lava solidificada, generalmente de color oscuro, que se acumula en conos alrededor de respiraderos.
Dos texturas superficiales de las coladas basálticas. La pahoehee tiene superficie lisa y ondulada; la aa está fragmentada en bloques angulosos y ásperos.
Conducto creado por el flujo de lava, cuyo vaciado puede originar cuevas, galerías y jameos.
Horizonte de arcillas rojizas producido por la alteración de materiales volcánicos ricos en hierro. Separa episodios eruptivos y permite leer pausas en la actividad.
Fusión parcial de peridotitas mantélicas por aporte de calor, volátiles o descompresión.
El magma sube por fracturas y puede detenerse en cámaras donde cristaliza parcialmente y se diferencia.
Parte del magma llega a la superficie como lava; otra parte se solidifica bajo tierra formando diques y cuerpos intrusivos.
La lava efusiva avanza por la superficie; su piel solidificada puede formar un tubo que canaliza el flujo interno.
En erupciones explosivas, fragmentos de distinto tamaño se depositan formando estratos que registran cada fase del evento.
La pausa entre erupciones permite que la meteorización forme almagres y paleosuelos que separan episodios en la secuencia geológica.
En el fondo de la Caldera de Taburiente afloran rocas que registran la etapa submarina del edificio de La Palma. Entre ellas destacan las lavas en almohadilla, formadas cuando el magma se enfría rápidamente al contacto con el agua marina. Su morfología es característica: masas redondeadas de lava negra con una piel de vidrio que recuerdan a una almohada apilada.[1]
Estas lavas se acompañan de brechas hialoclastíticas y sedimentos marinos que permiten reconstruir la profundidad a la que se formó el edificio antes de emerger. Su presencia en la parte actual de la isla, a más de mil metros sobre el nivel del mar, demuestra el volumen de material que ha sido desmantelado por la erosión desde la etapa de escudo.[1]
Herramientas institucionales para consultar cartografía, vigilancia y planificación.
Cartografía de referencia por hojas del IGME-CSIC.
Catálogo de georrecursos de Canarias mantenido por el IGME-CSIC.
Material divulgativo sobre volcanismo, materiales y patrimonio geológico de Lanzarote.