El archipiélago canario alberga volcanes activos, por lo que conviene distinguir con rigor entre amenaza, exposición, vulnerabilidad y riesgo. La amenaza es la propensión de un fenómeno natural a producirse en un lugar y con una intensidad determinada: una erupción, un deslizamiento de flanco o una reactivación sísmica. La exposición depende de cuántas personas, bienes o servicios se encuentran en la zona afectada. La vulnerabilidad mide la capacidad de esos elementos para resistir o recuperarse. El riesgo es la combinación de estos factores, no una propiedad intrínseca del volcán. Confundir amenaza con riesgo lleva a sobredimensionar o infraestimar las medidas necesarias. La vigilancia volcánica en Canarias recae principalmente en el Instituto Geográfico Nacional y en los organismos integrados en el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico, conocido como PEVOLCA. La red de vigilancia combina sismómetros, estaciones de deformación del terreno, análisis geoquímicos de gases y técnicas termales y satelitales. Ninguna de estas técnicas, tomada aisladamente, permite predecir una erupción; solo su integración continua ofrece una imagen del estado del sistema volcánico y de las posibles evoluciones a corto plazo. Los datos de vigilancia deben leerse con una fecha y una fuente explícitas. El catálogo sísmico revisado por el IGN, los informes de la erupción de La Palma de 2021 y los documentos técnicos de PEVOLCA son referencias públicas que permiten contrastar afirmaciones y evitar alarmismos. La predicción exacta del momento, lugar y magnitud de una erupción sigue siendo imposible; lo que la ciencia puede ofrecer es una estimación de probabilidades y escenarios, que los gestores de emergencias traducen en medidas de protección civil.[1][2][3][4]

Diagrama de una isla volcánica con una red de vigilancia: estaciones sísmicas, GPS, sensores de gases y cámaras térmicas.
Ilustración conceptual de la red de vigilancia volcánica en una isla.

Amenaza, exposición y vulnerabilidad

La amenaza volcánica describe qué puede ocurrir y con qué frecuencia se espera: erupciones efusivas o explosivas, caída de piroclastos, flujos de lava, gases, terremotos o deslizamientos de flanco. En Canarias, la amenaza no es uniforme: es mayor en La Palma y El Hierro, donde la actividad histórica es reciente, y menor en islas como Fuerteventura o La Gomera, hoy inactivas desde el punto de vista histórico.[1][2]

La exposición crece allí donde la población, las infraestructuras o los servicios esenciales se concentran en zonas de mayor amenaza. La vulnerabilidad depende de la calidad constructiva, de la capacidad de respuesta institucional y de la percepción del riesgo por parte de la población. Un volcán lejano puede representar un riesgo nulo si nadie vive a su alcance, mientras que una pequeña erupción cerca de una zona densamente poblada puede tener consecuencias elevadas.[1][2]

Sismicidad

La red sísmica del IGN registra la actividad en tiempo casi real y localiza los terremotos asociados al ascenso de magma, a la reactivación de fallas o a ajustes del edificio volcánico. El catálogo sísmico revisado del IGN proporciona una base homogénea para estudiar la distribución espacial y temporal de los sismos en el archipiélago.[1]

Un enjambre sísmico no es, por sí mismo, una predicción de erupción. Indica que el sistema volcánico está perturbado, pero la sismicidad puede aumentar y disminuir sin llegar a una erupción. La interpretación requiere comparar la profundidad, la localización y la evolución temporal con otros parámetros de vigilancia.[1][2]

Deformación del terreno

La deformación del terreno indica cambios en el volumen o la presión de un sistema magmático. Se mide con estaciones GPS, inclinómetros e interferometría radar satelital. En episodios como el de El Hierro en 2011 o el de La Palma en 2021, la deformación precedió a la erupción y ayudó a restringir la posible ubicación del foco.[1][2]

Sin embargo, la deformación no siempre señala una erupción inminente. Los edificios volcánicos pueden inflarse o desinflarse por movimientos de fluidos, por ajustes hidrotermales o por procesos a gran profundidad sin relación directa con una futura erupción. Por eso se interpreta junto con la sismicidad y la geoquímica.[1][2]

Gases y anomalías térmicas

La composición y el flujo de gases volcánicos, especialmente dióxido de azufre y dióxido de carbono, cambian cuando el magma se aproxima a la superficie o cuando se altera el sistema hidrotermal. Su medición sistemática en fumarolas, mofetas y suelos permite detectar tendencias que, combinadas con otros datos, reflejan el estado del volcán.[1][2]

Las técnicas termales, incluidas las imágenes satelitales de infrarrojo, aportan información sobre zonas de calentamiento anómalo. Su utilidad es mayor en erupciones ya iniciadas, cuando los flujos de lava o los depósitos calientes son visibles, pero también pueden detectar precursores en áreas de descarga de gases.[1]

Integración, incertidumbre y límites de la predicción

La vigilancia moderna integra sismicidad, deformación, gases, térmica e hidrogeología en modelos que tratan de representar el estado del sistema volcánico. Ningún modelo es definitivo: cada interpretación depende de la calidad de los datos, de los supuestos iniciales y del conocimiento incompleto que se tiene de los conductos magmáticos profundos.[1][2]

La incertidumbre no es un fallo de la ciencia, sino una característica inherente a los sistemas volcánicos complejos. Expresarla con claridad es tan importante como recoger los datos, porque permite a la sociedad prepararse para distintos escenarios sin caer en la parálisis o el alarmismo.[1][2]

La predicción exacta del momento, lugar y estilo de una erupción volcánica no es posible con la tecnología actual. Lo que la vigilancia puede ofrecer son probabilidades actualizadas y escenarios plausibles que permiten a las autoridades tomar decisiones graduales. Esta limitación debe entenderse como parte del funcionamiento normal del conocimiento científico, no como una carencia oculta.[1][2]

Cuando la vigilancia detecta señales compatibles con una erupción inminente, la respuesta no puede esperar a la certeza absoluta. La gestión del riesgo combina el conocimiento científico con criterios de precaución, planes de evacuación y comunicación transparente para reducir el impacto sobre la población expuesta.[1][2]

PEVOLCA y comunicación

PEVOLCA es el marco oficial que coordina la respuesta ante una emergencia volcánica en Canarias. Define niveles de alerta, competencias de las administraciones y protocolos de actuación. Durante la erupción de La Palma en 2021, PEVOLCA sirvió de eje para la evacuación de poblaciones, la gestión de infraestructuras y la comunicación pública.[1][2]

La comunicación científica durante una crisis debe traducir la incertidumbre en mensajes comprensibles. Los informes diarios del IGN y las comparecencias de PEVOLCA durante La Palma 2021 ejemplifican cómo la coordinación entre técnicos y gestores puede mantener a la población informada sin generar falsas expectativas de predicción.[1][2]

Conceptos clave

Amenaza

Propensión de un fenómeno natural potencialmente dañino a producirse en un lugar y con una intensidad determinada.

Exposición

Presencia de personas, bienes o servicios en zonas que podrían verse afectadas por una amenaza natural.

Vulnerabilidad

Capacidad de los elementos expuestos para resistir, adaptarse o recuperarse tras un evento adverso.

Riesgo

Combinación de amenaza, exposición y vulnerabilidad; no es una propiedad del volcán, sino una medida de las consecuencias esperadas.

Seismicidad

Distribución en el tiempo y en el espacio de los terremotos, usada como indicador del estado de estrés y de posible movimiento de magma.

Deformación del terreno

Cambio de forma o volumen del edificio volcánico medido con GPS, inclinómetros o interferometría radar.

Vigilancia geoquímica de gases

Medición sistemática de la composición y el flujo de gases volcánicos para detectar cambios en el sistema magmático o hidrotermal.

Secuencia del proceso

  1. 01

    Detección de enjambre sísmico

    La red sísmica localiza una concentración de terremotos que puede reflejar el ascenso de magma o la reactivación de fallas.

  2. 02

    Medida de deformación

    GPS e interferometría radar detectan hinchazón o hundimiento del edificio, indicando cambios de presión o volumen.

  3. 03

    Análisis de gases

    Se mide la composición y el flujo de gases volcánicos para detectar la aproximación de magma o cambios hidrotermales.

  4. 04

    Integración de datos

    Los científicos combinan sismicidad, deformación y geoquímica en modelos que estiman el estado del sistema y los escenarios posibles.

  5. 05

    Comunicación de escenarios

    Las autoridades y los científicos traducen la información en niveles de alerta y medidas de protección civil, sin afirmar predicciones exactas.

De El Hierro 2011 a La Palma 2021

La crisis de El Hierro de 2011-2012 comenzó con un enjambre sísmico, deformación del terreno y manchas de agua discoloreada al sur de la isla. La erupción fue submarina y no causó daños directos graves, pero obligó a PEVOLCA a activar protocolos de vigilancia y comunicación para un evento inédito en el contexto histórico canario.[1][2]

La erupción de La Palma en 2021 siguió una secuencia diferente: sismicidad creciente, deformación y gases precedieron a una erupción efusiva en tierra que duró desde septiembre hasta diciembre. Los informes del IGN documentaron la evolución diaria de la actividad y los flujos de lava, mientras PEVOLCA gestionó evacuaciones y medidas de protección civil.[1][2]

Comparar ambos episodios muestra que no hay una única secuencia precursora universal. El Hierro alertó sobre la necesidad de vigilancia submarina; La Palma demostró cómo una erupción efusiva prolongada puede afectar a infraestructuras y población en pocos días. Ambos casos subrayan que la vigilancia integrada y la comunicación transparente son tan importantes como la recogida de datos técnicos.[1][2][3]

Matices y cautelas

Recursos oficiales

Herramientas institucionales para consultar cartografía, vigilancia y planificación.

  • Vigilancia

    Vigilancia volcánica del IGN

    Redes de sismómetros, GPS y geoquímica con datos actualizados del Instituto Geográfico Nacional.

  • Repositorio

    Catálogo sísmico revisado de Canarias

    Base homogénea de datos sísmicos para el estudio de la actividad en el archipiélago.

  • Publicación

    Informe de la erupción de La Palma 2021

    Documentación oficial del IGN sobre la erupción del volcán Cumbre Vieja.

  • Plan

    PEVOLCA: Plan de Emergencias por Riesgo Volcánico

    Marco oficial de respuesta ante emergencias volcánicas en Canarias.

Referencias utilizadas

  • Gobierno de Canarias — Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por riesgo volcánico en la Comunidad Autónoma de Canarias (PEVOLCA) (2018) Gobierno de Canarias
    Ver referencia
  • Instituto Geográfico Nacional — Erupción en la isla de La Palma — análisis de la actividad volcánica registrada desde el 11/09/2021 (2021) Instituto Geográfico Nacional
    Ver referencia
  • Juan José Rueda Núñez; Rafael Abella Meléndez; María José Blanco Sánchez; Elena Ana Díaz Suárez; Íñigo F. Domínguez Cerdeña — Revisión del Catálogo Sísmico de las Islas Canarias (1341-2000) (2020) Instituto Geográfico Nacional
    Ver referencia
  • Carlos Valderrábano Fernández-Trujillo; María Isabel Hernández Luna — Geología de las Islas Canarias. Construcción y evolución del paisaje (1987), pp. 44
    Ver referencia
  • Marc-Antoine Longpré; Alicia Felpeto — Historical volcanism in the Canary Islands; part 1: A review of precursory and eruptive activity, eruption parameter estimates, and implications for hazard assessment (2021), pp. 107363 Journal of Volcanology and Geothermal Research
    Ver referencia
  • José Julio Cabrera Mujica — Libro Vivo de la Educación Ambiental en Canarias (2004), pp. 236 Memoria Digital de Canarias — ULPGC
    Ver referencia
  • Juan Carlos Carracedo; Valentin R. Troll; Kirsten Zaczek; Alejandro Rodríguez-González; Vicente Soler; Frances M. Deegan — The 2011–2012 submarine eruption off El Hierro, Canary Islands: New lessons in oceanic island growth and volcanic crisis management (2015), pp. 168-200 Earth-Science Reviews / accedaCRIS
    Ver referencia
  • Juan Sergio Socorro Hernández (dir.); Concepción de León García; Guillermo Delgado Castro; María del Carmen Díaz Vilela; José Salvador López Rondón; Mercedes Martín Oval; Gloria Ortega Muñoz; Lázaro Sánchez Pinto — Naturaleza de las Islas Canarias (1987), pp. 84
    Ver referencia