Plataforma insular
Superficie sumergida y relativamente plana que rodea una isla, formada por coladas que alcanzaron el mar y por sedimentos marinos posteriores.
La mayor parte de cada edificio canario permanece bajo el mar: plataformas, laderas submarinas, montes y coladas que solo la batimetría y la geofísica revelan.
Cuando observamos una isla desde la costa, apenas vemos la parte emergida de un edificio volcánico mucho mayor. En Canarias, la porción sumergida puede representar más del noventa por ciento del volumen total, según estimas basadas en la batimetría del margen continental. Esa parte oculta comienza en la plataforma insular, una superficie relativamente plana que rodea la isla y que fue construida por coladas que alcanzaron el mar y por sedimentos marinos posteriores. Más allá de la plataforma, el talud o ladera submarina desciende con pendientes más pronunciadas hasta el pie del edificio, donde se mezcla con los sedimentos del fondo oceánico y con los depósitos dejados por deslizamientos de gran volumen. La base del edificio descansa, a su vez, sobre la corteza oceánica jurásica que sirve de basamento a todo el archipiélago. La batimetría moderna, obtenida con multihaz y otros sistemas de ecosonda, ha transformado nuestra capacidad de leer esta geología sumergida. Los mapas topobatimétricos permiten seguir la continuidad de rifts, barrancos y estructuras volcánicas bajo el agua, y revelan que la morfología insular no termina en la línea de costa. Al mismo tiempo, la sísmica de reflexión y la tomografía acústica muestran capas de sedimentos, depósitos de avalancha y la geometría interna del edificio, mientras que las campañas de muestreo con dragas y testigos recuperan rocas que datan y caracterizan procesos antiguos. Sin estas herramientas, la historia de construcción y colapso de cada isla quedaría incompleta. La provincia de montes submarinos de Canarias es uno de los elementos más llamativos de este paisaje sumergido. Se extiende hacia el este y el oeste del archipiélago con edificios que, en algunos casos, preceden en edad a las islas visibles. Estos seamounts no son simples volcanes apagados: conservan registros de actividad anterior, de subsidencia diferencial y de interacción con la dinámica de placa. Su estudio es fundamental para distinguir entre el modelo de punto caliente y otras hipótesis sobre el origen del archipiélago, porque demuestran que la historia volcánica canaria comenzó mucho antes de la emersión de las islas actuales.[1][2][3][4]

La línea de costa no es el límite del edificio volcánico, sino apenas el nivel de equilibrio actual entre el relieve emergido y el sumergido. En Canarias, el volumen almacenado bajo el mar supera con creces el que se observa en superficie, porque cada isla se construyó primero como monte submarino y solo después alcanzó la superficie del océano. Esta proporción hace que la geología submarina sea inseparable de cualquier reconstrucción del origen del archipiélago.[1][2]
La continuidad morfológica entre la isla emergida y su base submarina se aprecia en los mapas topobatimétricos, donde las estructuras en rift de La Palma, El Hierro o Tenerife prolongan sus brazos bajo el agua. Esta continuidad demuestra que los procesos constructivos y erosivos actúan a escala del edificio completo, no solo de la porción que sobresale del mar.[1][2]
La plataforma insular es el primer nivel sumergido que rodea una isla. Se forma cuando las coladas basálticas alcanzan el mar, construyen deltas de lava y se cementan con sedimentos marinos, generando una superficie poco profunda y relativamente plana. Su anchura varía entre islas según la edad, el tipo de erupciones y la posterior erosión marina.[1][2]
Más allá de la plataforma, el talud submarino desciende hasta el pie del edificio con pendientes que pueden superar los quince grados en sectores jóvenes y que se suavizan donde la erosión y los deslizamientos han remodelado el relieve. En la base, los depósitos de avalancha y de deslizamiento de flanco se mezclan con sedimentos pelágicos, formando un registro estratigráfico de la inestabilidad pasada del edificio.[1][2]
La cartografía del fondo marino canario se basa en levantamientos batimétricos de alta resolución realizados por el Instituto Español de Oceanografía y otros organismos. El mapa topobatimétrico del IEO-CSIC une el relieve terrestre con el submarino en una sola cartografía, permitiendo identificar plataformas, taludes, canales y depósitos de deslizamiento a escala de archipiélago.[1]
Además de la batimetría, los visores geológicos de IDECanarias y las hojas del MAGNA del IGME-CSIC permiten contrastar las unidades geológicas emergidas con las estructuras del fondo marino. Esta integración cartográfica es esencial para interpretar correctamente la prolongación submarina de rifts, diques y sistemas de barrancos.[1][2]
La sísmica de reflexión envía ondas acústicas hacia el fondo marino y registra los ecos para reconstruir la estructura interna de los sedimentos y del edificio volcánico. En aguas canarias, esta técnica ha revelado capas de sedimentos, depósitos de avalancha y la geometría de la base del edificio, complementando la imagen que ofrece la batimetría superficial.[1][2]
El muestreo con dragas y testigos recupera rocas del fondo marino que permiten datar eventos y determinar la composición de antiguas coladas. Cuando esos testigos incluyen lavas en almohadilla o brechas hialoclastíticas, los geólogos pueden inferir la profundidad del agua en el momento de la erupción y reconstruir la velocidad de crecimiento del edificio.[1][2]
La provincia de montes submarinos de Canarias está formada por edificios volcánicos que no llegaron a emerger o que emergieron parcialmente y fueron posteriormente cubiertos por el mar. Estos seamounts se distribuyen al este y al oeste del archipiélago, algunos de ellos con edades que superan los veinte millones de años y que preceden a varias de las islas actuales.[1]
La existencia de montes submarinos más antiguos que las islas emergidas plantea preguntas sobre el origen del volcanismo canario. Si la actividad comenzó bajo el mar mucho antes de que la placa africana transportara el punto caliente hacia su posición actual, el modelo simple de punto caliente debe combinarse con otros procesos como la convección de borde o la reutilización de fracturas heredadas.[1][2]
El talud submarino canario está surcado por canales de sedimentos y por cicatrices de grandes deslizamientos de flanco. Estas estructuras son la prueba de que la inestabilidad gravitatoria ha retirado sectores enteros de los edificios insulares a lo largo de su historia, dejando anfiteatros abiertos hacia el mar y depósitos de escombros a gran distancia de la costa.[1][2]
La interpretación de estos deslizamientos debe hacerse con cautela. Aunque la batimetría muestra claramente las cicatrices y los depósitos, la datación precisa de cada evento y su posible relación con tsunamis pasados siguen siendo líneas de investigación abiertas. No todos los deslizamientos submarinos generan tsunamis de gran magnitud, ni todos los episodios erosivos dejan el mismo registro morfológico.[1]
Superficie sumergida y relativamente plana que rodea una isla, formada por coladas que alcanzaron el mar y por sedimentos marinos posteriores.
Zona de transición entre la plataforma insular y el pie del edificio, con pendientes variables que registran procesos erosivos y de inestabilidad.
Medida de la profundidad del fondo marino, que permite representar el relieve submarino con la misma precisión que un mapa topográfico terrestre.
Edificio volcánico que no emergió o que fue cubierto de nuevo por el mar, conservando un registro de actividad anterior a las islas actuales.
Lava basáltica que se enfría rápidamente al contacto con el agua, formando masas redondeadas que indican erupciones en profundidad.
El magma asciende por conductos fracturados y alcanza el fondo marino, donde se enfría formando lavas en almohadilla y brechas hialoclastíticas.
Las coladas que alcanzan zonas someras se fragmentan y se mezclan con sedimentos marinos, ensanchando la plataforma insular.
Más allá de la plataforma, los materiales acumulados forman un talud que desciende hacia el pie del edificio, modelado por la erosión y los deslizamientos.
Los levantamientos con ecosonda multihaz generan modelos digitales del fondo marino que revelan la continuidad de estructuras insulares bajo el agua.
Las dragas y testigos recuperan rocas que, una vez datadas, permiten establecer la cronología del crecimiento submarino y de los episodios de colapso.
Entre julio de 2011 y marzo de 2012, una crisis sísmica, deformación del terreno y manchas de agua discoloreada al sur de El Hierro marcaron la primera erupción submarina documentada en Canarias en tiempos históricos. Los estudios posteriores ubicaron el cono eruptivo a pocos kilómetros de la costa y a profundidad variable, inicialmente cercana a los trescientos metros, y describieron la emisión de lavas en almohadilla y material hialoclastítico.[1]
El episodio demostró que la vigilancia volcánica debe extenderse más allá de la línea de costa. La sismicidad, la deformación del terreno y los cambios geoquímicos en el agua fueron los indicios principales, pero la ubicación exacta del foco eruptivo bajo el mar requirió sísmica de alta precisión y análisis de imagen satelital.[1][2]
Aunque la erupción no generó una amenaza directa para la población, puso de manifiesto la necesidad de protocolos de vigilancia y comunicación adaptados a eventos submarinos. El cono, hoy inactivo, sigue siendo un laboratorio natural para estudiar cómo las islas canarias comenzaron su crecimiento bajo el agua.[1][2]

Los rifts triples, estructuras en forma de estrella, controlan el crecimiento y la actividad volcánica en las Islas Canarias y explican muchos de sus riesgos naturales.
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El mar es el principal agente modelador de las costas canarias, responsable tanto de la erosión como de la creación de nuevas playas y acantilados. Descubre cómo las olas y las corrientes han dado forma a los paisajes litorales del archipiélago.
Leer másHerramientas institucionales para consultar cartografía, vigilancia y planificación.
Cartografía de referencia por hojas del IGME-CSIC.
Relieve insular y fondo marino en una misma cartografía del IEO-CSIC.
Cartografía geológica y morfológica del margen continental del IGME-CSIC.
Artículo de van den Bogaard (2013) con dataciones de montes submarinos antiguos y el debate sobre el origen.