Erosión diferencial
Proceso por el cual rocas de distinta dureza se erosionan a velocidades diferentes, produciendo relieves escalonados y formas contrastadas.
Construcción volcánica y desmantelamiento erosivo: barrancos, acantilados, valles y colapsos que esculpen el paisaje actual.
Las islas Canarias son edificios volcánicos que crecen hacia arriba desde el fondo del mar, pero también se desmantelan desde el momento en que emergen. La erosión actúa sobre rocas de distinta resistencia, esculpiendo barrancos, acantilados, valles y plataformas costeras. Este proceso no es uniforme: una colada basáltica dura puede resistir millones de años mientras que un depósito de ceniza blanda desaparece en decenas de miles. La diferencia entre construcción y destrucción marca la forma de cada isla tanto como la propia actividad volcánica. En algunos casos, la inestabilidad del flanco de un edificio produce deslizamientos gigantescos que retiran sectores enteros del volcán y depositan millones de metros cúbicos de material en el fondo marino. Estos colapsos no son eventos menores: reconfiguran el relieve, generan tsunamis en el pasado y dejan anfiteatros abiertos al mar que luego pueden ser parcialmente rellenados por nuevas coladas. Reconocer las huellas de la erosión y los deslizamientos es esencial para entender que el paisaje actual no es solo el resultado de lo que se construyó, sino también de lo que se ha perdido.[1][2]

El relieve de Canarias es el resultado de una competencia entre dos procesos opuestos: la acumulación de materiales volcánicos que construyen el edificio hacia arriba, y la erosión que lo desmantela hacia abajo. Durante la etapa de escudo, la construcción domina y el edificio crece rápidamente. Cuando la actividad disminuye o cesa, la erosión toma el control y comienza a excavar barrancos y valles.[1]
La resistencia de cada roca al desgaste marca la velocidad de la erosión. Los basalto compactos forman escarpes y barrancos encajonados; los depósitos de ceniza y lapilli se erosionan en laderas suaves. Esta selectividad produce el relieve escalonado que se observa en muchas laderas canarias, donde capas duras y blandas se alternan.[1]
Los barrancos son las formas erosivas más características del paisaje canario. Se forman por la concentración del agua de lluvia en superficies poco vegetadas y por la escasa infiltración en zonas de coladas basálticas compactas. A diferencia de los ríos permanentes, los barrancos solo llevan agua durante y después de las precipitaciones, pero su capacidad erosiva es muy alta en episodios de lluvia torrencial.[1]
La red de barrancos organiza el drenaje de cada isla y condiciona la distribución de los asentamientos humanos, los caminos y los aprovechamientos agrícolas. En muchos casos, los barrancos siguen antiguas líneas de debilidad del edificio volcánico, como diques o zonas de fractura, lo que les da una orientación preferente que se puede reconocer en la cartografía.[1]
La costa canaria es una frontera dinámica entre el edificio insular y el mar. Los acantilados se forman donde la erosión marina y la subaérea combinan sus efectos, creando paredes verticales en rocas resistentes y taludes en materiales más blandos. Las plataformas de abrasión, las calas y las playas de arena volcánica son productos de este trabajo combinado.[1][2]
El nivel del mar, la subsidencia insular y las variaciones climáticas del cuaternario han dejado terrazas marinas que hoy se observan a distintas alturas. Estas terrazas son una herramienta para estimar la velocidad de levantamiento o hundimiento del edificio a escala de miles de años.[1]
Una caldera es una depresión circular o elíptica formada por hundimiento del techo de una cámara magmática después de una gran erupción. En Canarias, las calderas de tabanco, como la Caldera de Taburiente en La Palma o la Caldera de Las Cañadas en Tenerife, son ejemplos de grandes depresiones que modifican radicalmente la silueta de la isla.[1]
Algunos valles profundos, como los de La Orotava y Güímar en Tenerife, no son simples valles fluviales. Su origen se relaciona con grandes deslizamientos de flanco que retiraron material del edificio y fueron después parcialmente recortados por la erosión. La forma anfiteatral de estos valles, abierta hacia el mar, es una de las pruebas de su origen gravitacional.[1][2]
Los grandes deslizamientos son uno de los procesos más espectaculares del relieve canario. Consisten en el colapso de un sector del flanco de un edificio volcánico, que se desplaza hacia el mar a gran velocidad. Estos eventos pueden movilizar volúmenes de decenas o centenares de kilómetros cúbicos y dejar anfiteatros que luego son parcialmente ocupados por nuevas coladas.[1]
La inestabilidad puede deberse a la propia pendiente del edificio, a la presencia de niveles de alteración o arcillas, a la intrusión de diques que debilitan la estructura o a terremotos. En Canarias se han identificado depósitos de deslizamientos en el margen continental y en la plataforma insular, lo que permite vincular eventos terrestres y submarinos.[1][2]
Cuando un gran deslizamiento llega al mar, el material se transforma en corrientes de turbidez que descienden por la pendiente insular y el margen continental. Estas corrientes pueden viajar decenas de kilómetros y dejar depósitos que se reconocen en la cartografía batimétrica y en los testigos de sondeo. La existencia de estos depósitos es la prueba de que muchos eventos que afectaron a las islas tuvieron consecuencias bajo el agua.[1]
La comparación entre el relieve emergido y los depósitos submarinos permite reconstruir el volumen original de los edificios antes del desmantelamiento. En algunos casos, la parte submarina del edificio conserva más del noventa por ciento del volumen total, lo que pone en perspectiva la pequeña fracción que hoy vemos en superficie.[1]
Proceso por el cual rocas de distinta dureza se erosionan a velocidades diferentes, produciendo relieves escalonados y formas contrastadas.
Incisión profunda del relieve volcánico, fundamental para entender poblamiento, agua y comunicaciones.
Pared costera vertical o muy inclinada formada por la acción combinada de la erosión marina y la subaérea sobre rocas resistentes.
Gran depresión formada por hundimiento del techo de una cámara magmática tras una erupción de gran volumen. Ejemplos canarios son Taburiente y Las Cañadas.
Colapso de un sector del flanco de un volcán que se desplaza hacia el mar, movilizando grandes volúmenes de roca y dejando anfiteatros costeros.
Superficie a lo largo de la cual se produce el movimiento durante un deslizamiento. Puede coincidir con niveles de alteración, arcillas o contactos entre coladas.
Coladas y piroclastos apilan material volcánico, formando un cono de pendientes suaves.
Cuando la actividad disminuye, el agua y el viento comienzan a desgastar las laderas y a formar barrancos.
La escorrentía concentra su energía en cauces que se hacen cada vez más profundos y anchos.
La erosión marina recorta la costa y genera acantilados, mientras que las variaciones del nivel del mar dejan terrazas.
La inestabilidad del edificio provoca un gran deslizamiento que retira material hacia el mar y modifica el relieve.
Nuevas coladas o sedimentos rellenan parcialmente los anfiteatros, mientras la erosión sigue modelando el paisaje.
Los valles de La Orotava, al norte, y de Güímar, al sureste de Tenerife, son dos de las mayores depresiones abiertas hacia el mar del archipiélago. Su forma anfiteatral y sus dimensiones no se explican por la erosión fluvial ordinaria. Los geólogos los interpretan como anfiteatros generados por grandes deslizamientos de flanco que retiraron sectores enteros del edificio central de Tenerife.[1][2]
Después del colapso, la erosión remodeló los bordes de estos valles y nuevas coladas volcánicas, como las del Teide y el Parque nacional del Teide, los han rellenado parcialmente. Hoy, los fondos de estos valles albergan importantes núcleos de población y cultivos, una muestra de cómo la geología profunda condiciona el uso del territorio.[1]
Herramientas institucionales para consultar cartografía, vigilancia y planificación.
Relieve insular y fondo marino en una misma cartografía del IEO-CSIC.
Cartografía y descripción de la geología submarina del margen canario elaborada por el IGME.
Cartografía de referencia por hojas del IGME-CSIC.
Divulgación sobre paisaje volcánico, erosión y patrimonio geológico.