Tenerife, la mayor de las islas Canarias, ocupa unos 2.034 km² en una silueta groseramente triangular: su lado mayor, de unos 81 kilómetros, se orienta al sureste, y el más pequeño, de unos 44, a poniente. En su centro se alza el Teide, que con 3.715 metros de altitud es el techo de España y el gran organizador del territorio insular. Pocas geografías concentran en tan poco espacio semejante desnivel: del nivel del mar a la alta montaña median apenas unas decenas de kilómetros, y esa verticalidad explica casi todo lo demás, desde el reparto de las lluvias hasta la distribución de los cultivos y de la población.

La isla emergió hace unos 7,5 millones de años y su actividad volcánica se concentró en torno a tres ejes estructurales que, partiendo de los extremos noreste, noroeste y sur, formaron primero un pequeño subarchipiélago para confluir después en el centro. De aquella fase inicial quedan los macizos antiguos de Anaga, Teno y Adeje, apilamientos de coladas basálticas atravesados por densas mallas de diques donde afloran las formaciones más viejas de Tenerife. Más tarde el volcanismo se trasladó a las dorsales: la gran dorsal de Pedro Gil, un edificio en forma de tejado a dos aguas que enlaza la Vega lagunera con el centro de la isla, y la dorsal noroeste o Cumbre de Vilma, la zona de actividad volcánica más reciente.

A unos 2.000 metros de altitud, en la parte más ancha de la isla, la divisoria de Pedro Gil da paso a la amplia depresión de Las Cañadas, cabecera de un colosal deslizamiento ocurrido hace unos 180.000 años, cuando un edificio volcánico que superaba los 4.000 metros se desplomó hacia el norte. La caldera resultante está limitada al sur por un escarpe de unos 17 kilómetros cuyo punto más alto, Guajara, alcanza los 2.715 metros, la segunda altura del archipiélago. El espinazo de los Roques de García separa dos recintos: en el occidental se extiende el llano de Ucanca, el mayor llano sedimentario de las islas, y adosados a la pared se suceden los pequeños enclaves conocidos como cañadas, antiguas vías de paso del ganado. Sobre este anfiteatro creció el estratovolcán Teide-Pico Viejo, que cierra la depresión por el norte y la convierte en la cuenca endorreica más alta y extensa de la Macaronesia.

El volcanismo llega hasta tiempos históricos. Desde 1430 se cuentan seis episodios eruptivos: la erupción de Taoro, en el Valle de La Orotava, conservada por la tradición oral guanche; la observada en 1492 desde las naves de Colón rumbo a las Indias; la fisura de 1704-1705 que abrió los volcanes de Siete Fuentes, Fasnia y Montaña de las Arenas o de Güímar; la de 1706, cuyas lavas arrasaron Garachico y el único puerto natural de la isla; las Narices del Teide de 1798, nueve bocas abiertas en las faldas de Chahorra o Pico Viejo y descritas por Humboldt; y finalmente el Chinyero, en 1909, cuyas cenizas llegaron hasta el Puerto de la Cruz, a más de 25 kilómetros.

El clima es obra de los alisios. Estos vientos regulares del noreste, cargados de humedad, chocan contra las vertientes septentrionales y forman el mar de nubes, que se instala aproximadamente entre los 500 y los 1.200 metros y estratifica la montaña en pisos de vegetación. En la banda costera crece la zona xerofítica del cardonal-tabaibal; sobre ella, el bosque termófilo y, dentro de la franja de nieblas, la laurisilva y el fayal-brezal; por encima del mar de nubes, donde el ambiente se hace más seco y frío, se extienden los pinares —en Vilaflor se conservan pinos anteriores a la conquista—, y en la cumbre dominan la retama y especies exclusivas como la violeta del Teide. El sur, a sotavento, apenas recibe el alisio: allí no se forma el mar de nubes ni prospera la laurisilva, y el paisaje es árido y soleado.

Como isla de volcanismo persistente, Tenerife se surca de barrancos profundos, estrechos y de trazado lineal, muy distintos de los valles amplios de las islas donde la erosión ha trabajado más tiempo. En Anaga, cuyas cimas superan los 1.000 metros, y en Teno, la erosión ha labrado auténticos cañones como los de Natero, Masca o El Carrizal, que desaguan entre acantilados de más de 300 metros merecedores del nombre de Los Gigantes. Erupciones posteriores desbordaron los cantiles del norte de Teno y formaron Teno Bajo, una «isla baja» de suave pendiente. Algo semejante ocurrió en el norte: coladas derramadas al mar desde un cantil de 70 metros hicieron retroceder la costa unos 500 metros a lo largo de kilómetro y medio, creando la plataforma que hoy ocupa el Puerto de la Cruz.

Los grandes deslizamientos gravitacionales han dejado además dos depresiones casi contrapuestas en forma de herradura: el Valle de Güímar, abierto hacia el sureste hace en torno a un millón de años al desplomarse la ladera del estratovolcán de Pedro Gil, y el Valle de La Orotava, formado medio millón de años después en la vertiente norte. Ambos quedaron limitados por paredes casi verticales, con saltos de unos 300 a 400 metros sobre el fondo, y fueron revestidos por lavas posteriores que les dieron suelos fértiles. El de La Orotava, una depresión de 10 a 20 kilómetros de lado, se convirtió en una de las comarcas agrarias más celebradas de Canarias.

La geografía humana reproduce esta arquitectura natural. En la Vega lagunera, antaño una laguna y uno de los escasos territorios llanos de la isla, se asienta el área metropolitana que enlaza Santa Cruz de Tenerife, la capital, con San Cristóbal de La Laguna; las medianías del norte concentran la agricultura tradicional, hoy en parte sustituida por invernaderos, mientras el litoral de sotavento acoge el desarrollo turístico contemporáneo. El agua ha sido siempre la clave: decisiva ya para los asentamientos guanches, se buscó después mediante pozos excavados en los cauces y galerías de captación perforadas en las entrañas volcánicas de la isla, una minería del agua que sostuvo valles, medianías y ciudades.

Claves de esta sección

Teide y Las Cañadas

El Teide (3.715 m), techo de España, creció dentro de la caldera de Las Cañadas, formada hace unos 180.000 años por el colapso de un edificio que superaba los 4.000 m; el escarpe de 17 km culmina en Guajara (2.715 m).

Macizos antiguos de Anaga, Teno y Adeje

Restos de los tres ejes primitivos de la isla, con las formaciones más viejas, barrancos-cañón como Masca y acantilados de más de 300 m como Los Gigantes.

Dorsales de Pedro Gil y Vilma

La dorsal de Pedro Gil vertebra la isla en forma de tejado y separa barlovento de sotavento; la dorsal noroeste o Cumbre de Vilma concentra el volcanismo reciente, del volcán de Garachico (1706) al Chinyero (1909).

Valles de La Orotava y Güímar

Dos depresiones en herradura nacidas de deslizamientos gravitacionales —Güímar hace un millón de años, La Orotava medio millón después—, con paredes de 300-400 m y suelos fértiles.

Alisios y pisos de vegetación

El mar de nubes, entre los 500 y 1.200 m de la vertiente norte, escalona cardonal-tabaibal, bosque termófilo, laurisilva, pinar y alta montaña con retama y violeta del Teide; el sur, a sotavento, es árido.

Geografía humana y agua

El área metropolitana Santa Cruz–La Laguna ocupa la Vega lagunera, las medianías concentran la agricultura y el sur el turismo; pozos y galerías de captación llevaron el agua volcánica a valles y ciudades.

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Fuentes

  • Fernando Pardo Navarro, Ángel Velasco Sánchez, Luis Gil Sánchez — La Transformación Histórica del Paisaje Forestal en Canarias (2007)
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  • Carlos Valderrábano Fernández-Trujillo; María Isabel Hernández Luna — Geología de las Islas Canarias. Construcción y evolución del paisaje (1987), pp. 48 p. Memoria Digital de Canarias — ULPGC
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  • Juan Sergio Socorro Hernández (dir.); Concepción de León García; Guillermo Delgado Castro; María del Carmen Díaz Vilela; José Salvador López Rondón; Mercedes Martín Oval; Gloria Ortega Muñoz; Lázaro Sánchez Pinto — Naturaleza de las Islas Canarias (1987), pp. 84 Memoria Digital de Canarias — ULPGC
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  • Juan Carlos Carracedo; Valentin R. Troll (eds.) — Teide Volcano: Geology and Eruptions of a Highly Differentiated Oceanic Stratovolcano (2013), pp. 279 Springer
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