Antes de que las velas europeas divisaran las costas del archipiélago, las Islas Canarias ya estaban habitadas por pueblos cuya presencia se remonta a varios siglos antes de nuestra era. En el uso histórico estricto, “guanches” designa a la población indígena de Tenerife; para el conjunto insular conviene hablar de aborígenes canarios, antiguos canarios o poblaciones prehispánicas de Canarias [1].
Origen norteafricano
La arqueología, la lingüística y la genética confirman que los antiguos canarios procedían del norte de África, concretamente de pueblos bereberes o imazighen [1]. Los estudios genéticos han avanzado considerablemente y confirman que los canarios actuales conservan una herencia genética africana [1]. La población prehispánica llegó a las islas con lenguas de raíz amazigh, si bien cada isla desarrolló sus propias variantes [1].
El primer poblamiento se produjo en torno al siglo I a.C., planteándose incluso que las islas fueron pobladas por el Imperio Romano, que trasladó tribus rebeldes que se oponían a la ocupación de sus territorios norteafricanos [1].
Organización social y territorial
En Tenerife, la isla estaba dividida en nueve menceyatos: Anaga, Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icode, Daute, Adeje, Abona y Güímar, cada uno gobernado por un mencey [2]. En Gran Canaria existían dos guanartematos, Gáldar y Telde, donde el poder lo ejercía el guanarteme con apoyo del faycán en asuntos religiosos [1]. No eran sociedades igualitarias: en Tenerife existían clases dominantes como los achimencey y los cichiquitzo, mientras que el resto de la población eran pastores, artesanos y agricultores llamados achicaxnas [1].
Economía y vida cotidiana
Los antiguos canarios se dedicaban fundamentalmente al pastoreo de cabras y ovejas, complementando su economía con la agricultura, la recolección y, en menor medida, la pesca y el marisqueo [2]. El gofio, elaborado con cereales tostados y molidos, constituía un elemento central de su dieta [1]. Trabajaban el barro a mano, desconociendo el torno alfarero, y vestían con pieles de cabra y oveja cuidadosamente cosidas [2].
Como señala Gil Hernández, la figura del “guanche” se convirtió muy pronto en uno de los objetos predilectos de disciplinas como la antropología, la arqueología, la historia o las artes plásticas, todas ellas centradas en reconstruir el pasado precolonial del archipiélago [3].
