La Gomera es una de las islas más pequeñas del archipiélago canario: 370 kilómetros cuadrados de superficie, 97 kilómetros de perímetro costero y 333 kilómetros de distancia hasta el continente africano. Es también una de las más antiguas: los geólogos calculan para ella una edad de unos 12 millones de años, la quinta en el orden de formación del archipiélago. Su rasgo más singular es la ausencia de volcanismo reciente: en La Gomera, como en Fuerteventura y Gran Canaria, no se conocen erupciones en los últimos 500 años, y no solo carece de erupciones históricas, sino que apenas conserva uno o dos conos volcánicos bien formados. Esta prolongada calma eruptiva le confiere un paisaje totalmente diferente al del resto de las islas, modelado por la erosión y no por lavas nuevas.
Esa larga historia geológica aflora a la vista. En todo el arco que rodea la localidad de Vallehermoso puede observarse el Complejo Basal, la base sumergida sobre la que crecieron las islas, exhumada aquí por la acción de los agentes erosivos. En otros puntos asoman volcanes fósiles, conos antiguos recalentados y sepultados por coladas posteriores. La erosión ha desmantelado los edificios volcánicos blandos y ha dejado al desnudo sus chimeneas más resistentes: así se explican los célebres roques gomeros. El Monumento Natural de Los Roques agrupa los de Agando —un enorme saliente de 1.250 metros de altura—, Ojila, La Zarcita y Carmona, mientras que en la costa norte el roque de Los Órganos, un pitón sálico de espectacular disyunción columnar, forma un acantilado de tubos verticales que recuerda a un órgano y solo puede contemplarse desde el mar.
El corazón de la isla es una altiplanicie central culminada por el Alto de Garajonay, que con 1.487 metros es la máxima altitud insular. Sobre estas cumbres se creó en 1981 el Parque Nacional de Garajonay, con 3.984 hectáreas que suponen aproximadamente el 10 % de la superficie de la isla. Se trata de un parque eminentemente vegetal: alberga la mejor manifestación de laurisilva que queda en el archipiélago, un bosque de especies siempre verdes considerado un fósil viviente de los bosques subtropicales que en el Terciario crecían en las orillas del Mediterráneo. La laurisilva gomera concentra cerca de la mitad de la extensión de este tipo de bosque en todas las Canarias y, en reconocimiento de ese valor excepcional, el parque fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, apenas cinco años después de su creación.
El bosque existe gracias a los vientos alisios y al mar de nubes. Los alisios soplan con constancia durante gran parte del año, sobre todo en verano, y forman sobre las cumbres de la isla una capa de niebla de espesor variable que se sitúa justamente sobre ellas. Al condensarse sobre la vegetación, esa bruma origina la llamada «lluvia horizontal», una precipitación atípica que aporta unos 125 litros por metro cuadrado anuales en el área del parque nacional. La falta de alturas superiores impide en cambio el desarrollo de pinares naturales. La humedad de las cumbres alimenta además una rareza hidrológica: en el Barranco de El Cedro corre uno de los dos únicos arroyos permanentes de Canarias, sin llegar a constituir un río.
La Gomera es, sin duda, la isla más representativa a la hora de estudiar barrancos. Tienen una disposición radial: parten del núcleo central y descienden hacia todas las costas. La práctica inactividad volcánica reciente y la gran cantidad de agua de escorrentía han ido horadando el terreno durante millones de años, dejando al descubierto solo los materiales más resistentes. La importante excavación de algunas cabeceras, como la de Valle Gran Rey, sugiere incluso que las condiciones climáticas del pasado fueron mucho más húmedas, con caudales más abundantes. Valle Gran Rey, Vallehermoso, Hermigua o Benchijigua son algunos de estos profundos valles, separados por lomos e interfluvios que fragmentan la isla en comarcas aisladas entre sí: el 78,8 % del suelo insular presenta pendientes superiores al 30 %.
La costa participa del mismo carácter abrupto. El litoral gomero carece de ensenadas adecuadas para alojar puertos y las playas quedan encajadas entre acantilados. No existen carreteras costeras: las principales vías de comunicación atraviesan el interior de la isla, y en el habla local «costa» y «monte» designan las dos grandes franjas del territorio, el litoral con sus tierras próximas y la zona alta del centro. La capital, San Sebastián de La Gomera, se asienta sobre los sedimentos de la desembocadura de un barranco, uno de los pocos lugares donde el relieve concede espacio llano junto al mar; en el noroeste, Valle Gran Rey despliega su amalgama de palmerales y barrios de casas blancas, y en el norte destaca el caserío de Agulo bajo el risco del mirador de Abrante.
La geografía humana es hija directa de este relieve. Para cultivar las laderas, los gomeros escalonaron el terreno con muros de piedra levantados a mano: son los bancales, visibles en Valle Gran Rey y en toda la isla, aunque muchos yacen hoy abandonados y expuestos a la erosión. Los palmerales de Valle Gran Rey, Tazo o Vallehermoso figuran entre los más famosos de Canarias. El poblamiento se dispersa por pisos de altitud: los valles costeros concentran la población, los tramos medios entre 200 y 500 metros alternan pequeños barrios y tierras cultivadas, y en la franja de sotavento crecieron núcleos entre los 800 y los 1.200 metros, como Arure, Chipude, El Cercado o Igualero, mientras que a barlovento no hay pueblos por encima de los 750 metros. En un territorio así de fragmentado, donde muchas zonas solo eran accesibles por senderos, el silbo gomero surgió como una respuesta cultural brillante: un lenguaje silbado capaz de viajar de barranco en barranco allí donde la voz no alcanza.
Claves de esta sección
Isla antigua sin erupciones recientes
Con unos 12 millones de años y sin erupciones conocidas en los últimos 500, La Gomera apenas conserva uno o dos conos volcánicos: su paisaje lo ha modelado la erosión, no la lava.
El Alto de Garajonay y la meseta central
La altiplanicie central culmina en el Alto de Garajonay (1.487 m), techo de la isla y captador del agua que sostiene el bosque y los caseríos.
Garajonay, laurisilva Patrimonio Mundial
El Parque Nacional de Garajonay (1981, 3.984 ha, un 10 % de la isla) protege la mejor laurisilva del archipiélago, fósil viviente del Terciario, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986.
Barrancos radiales y valles profundos
Es la isla más representativa para estudiar barrancos: Valle Gran Rey, Vallehermoso, Hermigua o Benchijigua descienden en disposición radial y el 78,8 % del suelo supera el 30 % de pendiente.
Roques y Los Órganos
El Monumento Natural de Los Roques reúne Agando (1.250 m), Ojila, La Zarcita y Carmona, chimeneas volcánicas exhumadas; en la costa norte, Los Órganos muestra una espectacular disyunción columnar visible solo desde el mar.
Alisios, bancales y silbo
El mar de nubes de los alisios aporta unos 125 l/m² anuales de lluvia horizontal al parque; los bancales escalonan las laderas y el silbo gomero nació para comunicar de barranco en barranco un territorio fragmentado.
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Fuentes
- Carlos Valderrábano Fernández-Trujillo; María Isabel Hernández Luna — Geología de las Islas Canarias. Construcción y evolución del paisaje (1987), pp. 48 p. Memoria Digital de Canarias — ULPGCVer ficha bibliográfica
- Juan Sergio Socorro Hernández (dir.); Concepción de León García; Guillermo Delgado Castro; María del Carmen Díaz Vilela; José Salvador López Rondón; Mercedes Martín Oval; Gloria Ortega Muñoz; Lázaro Sánchez Pinto — Naturaleza de las Islas Canarias (1987), pp. 84 Memoria Digital de Canarias — ULPGCVer ficha bibliográfica
- Arianna Ancarani — El silbo gomero. Medio de comunicación (2008)Ver ficha bibliográfica
- Turespaña (Ministerio de Industria y Turismo) — Islas Canarias (2018)Ver ficha bibliográfica