Los antiguos canarios llamaban Canaria a su isla, que los cronistas describieron como la más poblada y compleja del archipiélago. El poder se articulaba en torno a los guanartemes o reyes, con dos grandes centros en Gáldar y Telde, asistidos por los guaires o consejeros. La vida espiritual giraba en torno a Acorán, el ser supremo, y al sol, llamado Magec; los faicanes, parientes cercanos de los guanartemes, ordenaban los sacrificios y ejercían un poder que desbordaba lo religioso, con un faicán en Gáldar y otro en Telde. En los almogarenes o casas santas de Tirma y Umiaya se derramaba leche de cabra y se quemaban ofrendas, mientras las harimaguadas o maguas, mujeres consagradas al culto, vivían en clausura dedicadas a la oración y a la enseñanza. De aquella cultura quedan también las pintaderas, sellos de barro cocido que se cree servían de amuletos y adornos.

El corazón de aquel mundo fue Agáldar, el poblado que ocupaba el actual casco histórico de Gáldar y cuya plaza de Santiago servía de gran espacio ceremonial, con la casa pintada como lugar de reunión de la aristocracia indígena. En 1862, la reforma de una huerta sacó a la luz la Cueva Pintada, una cámara decorada que había quedado sepultada bajo los bancales agrícolas. El Ayuntamiento acondicionó el sitio para las visitas en 1884, el deterioro de las pinturas obligó a cerrarlo en 1982 y, tras un proyecto de conservación iniciado en 1986, el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada abrió el 26 de julio de 2006. Su relato museográfico lo guía Arminda, hija de Guanarteme el Bueno, bautizada tras la conquista como Catalina de Guzmán.

La conquista castellana comenzó el 24 de junio de 1478, cuando el capitán Juan Rejón desembarcó y fundó el Real de Las Palmas junto al barranco Guiniguada, un campamento militar pronto conocido como el Real de las Tres Palmas, germen del barrio de Vegueta y de la ciudad actual. Los canarios, con el caudillo Doramas al frente, rechazaron los primeros ataques y frenaron los intentos castellanos de penetrar en el interior montañoso, de modo que la guerra quedó estancada durante años: ni los castellanos podían conquistar las cumbres ni los isleños expulsarlos de la costa. La llegada de Pedro de Vera reactivó la campaña, y la batalla de Arucas de 1481, en la que murió Doramas, marcó el punto de inflexión.

Vera capturó después al guanarteme de Gáldar, Tenesor Semidán, que fue llevado a la corte, bautizado como Fernando Guanarteme con el padrinazgo de Fernando el Católico y comprometido mediante el llamado Pacto de Calatayud a ayudar a pacificar la isla. La guerra aún deparó a los castellanos el desastre de Ajódar, donde los defensores hicieron rodar troncos y peñascos sobre los atacantes y mataron a Miguel de Muxica con casi todos sus vizcaínos. El 8 de abril de 1483 Vera salió del Real con más de mil hombres hacia la campaña final, que se cerró en la fortaleza de Ansite: Fernando Guanarteme convenció a la mayoría de los sitiados de entregarse, pero Bentejuí y el faicán se abrazaron y se precipitaron al vacío al grito de «Atis Tirma». El 26 de julio de 1483, día de Santa Ana, la joven reina Arminda y su cortejo bajaron al valle del Guiniguada y la conquista, que había durado cinco años y costado centenares de vidas, quedó concluida.

Incorporada la isla a la Corona de Castilla, la sede episcopal de Canarias se trasladó a Las Palmas en 1485 y la villa recibió en 1515 el título de ciudad. Sobre las tierras repartidas se levantó una economía colonial volcada en la caña de azúcar: llegó a haber doce ingenios azucareros en Gran Canaria, más que en ninguna otra isla, atendidos por pobladores llegados de la península ibérica, Génova, Portugal o Flandes y por mano de obra esclavizada. El azúcar dio riqueza y renombre al archipiélago, pero a mediados del siglo XVI la competencia del azúcar americano hundió los precios, y la crisis golpeó con especial dureza a Gran Canaria mientras el ciclo del vino favorecía a Tenerife y La Palma.

La prosperidad atrajo la codicia: tras el ataque de Francis Drake en 1595, el 26 de junio de 1599 apareció ante Las Palmas una escuadra holandesa de 73 navíos y 9.000 hombres al mando del almirante Pieter van der Does. Los invasores tomaron la ciudad, que sus habitantes habían abandonado para organizar la resistencia desde Santa Brígida y el bosque del Lentiscal. Cuando una columna de 4.000 holandeses avanzó hacia el interior, las milicias de Gáldar, Guía y la Vega la emboscaron en el Lentiscal y le causaron más de cien muertos. El 4 de julio Van der Does reembarcó, incendiando la ciudad a su espalda y llevándose un botín escaso; la defensa canaria quedó como una de las gestas más celebradas de la historia insular.

Tras dos siglos de letargo entre murallas, el siglo XIX trajo la recuperación. La rivalidad con Tenerife alimentó el llamado pleito insular, que ya en 1852 llevó a dividir la provincia en dos distritos administrativos. Desde 1859 la cochinilla, criada sobre nopales para producir tinte, generó cosechas y fortunas fabulosas hasta que los colorantes químicos hundieron el negocio. El impulso decisivo llegó con los hermanos León y Castillo: el ingeniero Juan proyectó el puerto de refugio en la rada de La Luz y el político Fernando, nacido en Telde, logró su aprobación en las Cortes en 1882; las obras se inauguraron el 26 de febrero de 1883. El Puerto de La Luz transformó la ciudad, atrajo a la colonia inglesa y abrió la economía insular al tráfico atlántico.

El pleito insular culminó en 1927, cuando la dictadura de Primo de Rivera dividió el archipiélago en dos provincias, con capitales en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Las guerras mundiales y la Guerra Civil trajeron décadas difíciles y una intensa emigración a América, pero desde los años sesenta el turismo, junto a la actividad portuaria y mercantil, reactivó la economía y convirtió la isla en uno de los grandes destinos del Atlántico. Hoy Las Palmas de Gran Canaria comparte la capitalidad de la Comunidad Autónoma con Santa Cruz de Tenerife, según dispone el Estatuto de Autonomía, y su Puerto de La Luz, el mayor de esta área del Atlántico, sigue siendo la puerta por la que Gran Canaria dialoga con tres continentes.

Claves de esta sección

Los guanartemes de Gáldar y Telde

La sociedad de los antiguos canarios se organizaba en torno a los guanartemes, con centros de poder en Gáldar y Telde, asistidos por los guaires, los faicanes que dirigían el culto y las harimaguadas consagradas a la oración y la enseñanza.

La Cueva Pintada de Gáldar

Descubierta en 1862 bajo una huerta del casco de Gáldar, la cámara decorada del antiguo Agáldar es hoy el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, inaugurado el 26 de julio de 2006 y guiado por la figura de Arminda.

La conquista de 1478-1483

Juan Rejón fundó el Real de Las Palmas el 24 de junio de 1478 junto al Guiniguada; tras la resistencia de Doramas, muerto en Arucas en 1481, y el desastre castellano de Ajódar, Pedro de Vera completó en cinco años la conquista.

Fernando Guanarteme y Ansite

Tenesor Semidán, bautizado como Fernando Guanarteme tras el Pacto de Calatayud, medió en la rendición final en Ansite, donde Bentejuí y el faicán se precipitaron al grito de «Atis Tirma» antes de la presentación de la reina Arminda el 26 de julio de 1483.

La gesta contra Van der Does

El 26 de junio de 1599 una escuadra holandesa de 73 navíos y 9.000 hombres tomó Las Palmas, pero las milicias insulares la emboscaron en el Lentiscal con más de cien muertos y forzaron su reembarque el 4 de julio.

Del azúcar al Puerto de La Luz

Los doce ingenios azucareros del siglo XVI, la cochinilla decimonónica y el puerto de refugio inaugurado en 1883 por impulso de los hermanos León y Castillo jalonan una economía atlántica que culmina en el turismo y la capitalidad compartida.

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Fuentes