La cauterización bregmática es una de las prácticas craneales más singulares documentadas en los restos óseos de las poblaciones indígenas de Canarias. Según los estudios recogidos por Rafael González Antón (director) y varios autores en la revista Eres (Arqueología), esta intervención fue identificada y descrita por primera vez de manera sistemática por investigadores alemanes como Felix von Luschan y Robert Lehmann-Nitsche a finales del siglo XIX y principios del XX [1].
Luschan, en su trabajo de 1896, analizó una colección de 52 cráneos guanches de Tenerife, de los cuales sólo 20 estaban libres de huellas de heridas bien curadas. Entre sus hallazgos, describió tres casos claros de trepanación prehispánica, pero también identificó varias cicatrices en la región bregmática, que consideró resultado de intervenciones quirúrgicas. Posteriores investigaciones, como las de Lehmann-Nitsche, permitieron clasificar estas lesiones como cauterizaciones bregmáticas, parabregmáticas y en T sincipital, comparándolas con casos neolíticos europeos [1].
Las características de la cauterización bregmática en Canarias, según estos autores, incluyen su mayor frecuencia en adultos, una distribución sexual similar, formas ovaladas de las cicatrices, curación completa en la mayoría de los casos, conservación de las suturas craneales y ausencia de signos de infección. Estas observaciones han sido confirmadas por investigaciones más recientes, como las de Rodríguez Martín y Gutiérrez González en la década de 1980 [1].
La importancia de estos hallazgos radica en que la cauterización bregmática no solo evidencia la existencia de conocimientos médicos rudimentarios entre los antiguos canarios, sino que también permite inferir aspectos sobre su vida social y cultural. La presencia de cicatrices curadas sugiere que los individuos sobrevivían a la intervención, lo que implica cierto grado de destreza en la realización de la práctica y posiblemente un conocimiento empírico de técnicas de curación [1].
En el contexto de la paleopatología, la descripción de estas lesiones ha sido fundamental para diferenciar entre intervenciones quirúrgicas y traumatismos accidentales. La cauterización bregmática se distingue por su localización, morfología y el proceso de curación observado en los restos óseos. Además, la comparación con prácticas similares en otras culturas prehistóricas ha enriquecido el debate sobre la difusión y el origen de estas técnicas en el ámbito atlántico y mediterráneo [1].
A pesar de la abundancia de material arqueológico en Canarias, durante mucho tiempo la atención de los investigadores se centró en la antropología física y la raciología, relegando la paleopatología a un papel secundario. Sin embargo, los trabajos de von Luschan, Lehmann-Nitsche y otros autores extranjeros permitieron rescatar y poner en valor el estudio de las enfermedades y prácticas médicas en el pasado insular [1].
En conclusión, la cauterización bregmática constituye una evidencia tangible de la complejidad cultural y médica de las poblaciones indígenas de Canarias. Su estudio ha permitido avanzar en el conocimiento de la paleopatología insular y subraya la importancia de la colaboración internacional en la investigación arqueológica [1].
