Paleopatología ósea en las momias guanches de Tenerife: hallazgos y análisis - Arqueología
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La paleopatología ósea, disciplina que estudia las enfermedades en restos óseos antiguos, ha sido un eje fundamental en el análisis de las momias guanches de Tenerife dentro del Proyecto CRONOS, impulsado por el Museo Arqueológico y Etnográfico de Tenerife desde 1989[1]. Este proyecto ha permitido identificar y cuantificar la incidencia de diversas patologías en la población indígena prehispánica de la isla, arrojando luz sobre su salud y condiciones de vida.

Uno de los hallazgos más destacados es la alta frecuencia de la enfermedad articular degenerativa (EAD), también conocida como osteoartritis o artrosis. Según los datos recogidos, entre el 30% y el 35% de los especímenes estudiados presentaban signos de EAD en alguna o varias articulaciones[1]. La articulación del codo fue la más afectada (30%), seguida por el hombro y la rodilla (20% cada una), y la cadera con un porcentaje algo menor. Se observó que los varones tendían a sufrir más en rodillas y hombros, mientras que las mujeres presentaban mayor incidencia de coxartrosis. Además, la EAD sacroilíaca afectaba principalmente a mujeres (10%), y otras articulaciones como la muñeca (4%) y el tobillo (2%) mostraban menor frecuencia[1].

La alta prevalencia de estas enfermedades articulares se ha relacionado con un estilo de vida vigoroso y con intenso esfuerzo físico, especialmente a partir de la tercera década de vida, lo que se ve corroborado por la elevada incidencia de espondilosis (25%) a partir de los 25-30 años[1]. Los investigadores sugieren que actividades como la recolección y el lanzamiento de piedras pudieron contribuir a estas lesiones, apoyados por la presencia de exóstosis en la escotadura cubital del cúbito.

En cuanto a otras patologías articulares, la espondilitis anquilosante se detectó en torno al 1,2% de los casos, afectando mayoritariamente a varones, una frecuencia similar a la observada en la población actual de las islas[1]. Solo se identificó un posible caso de artritis reumatoide, aunque con diagnóstico dudoso.

Los traumatismos óseos también fueron objeto de estudio. Las fracturas craneales mostraron una incidencia global del 7% en la muestra (1000 cráneos), con una proporción de 4:1 entre el sur y el norte de la isla. La mayoría de estas lesiones se relacionaron con violencia, especialmente en varones jóvenes entre 18 y 35 años. Las fracturas deprimidas e irregulares, localizadas en las partes anterior y laterales del cráneo, se asociaron al impacto de objetos líticos[1]. Las fracturas postcraneales fueron menos frecuentes (menos del 1%), predominando en el miembro superior.

En el ámbito tumoral, no se hallaron tumores malignos primarios o metastásicos, pero sí osteomas benignos en la bóveda craneal (2-4%) y exóstosis solitarias cerca de los cartílagos de crecimiento de huesos largos, con mayor incidencia en varones[1].

Respecto a los trastornos metabólicos, la osteoporosis senil fue la alteración más común, especialmente en mujeres, mientras que enfermedades como el raquitismo o el escorbuto no se detectaron en la población prehispánica estudiada[1].

Finalmente, la espina bífida oculta destacó como la malformación congénita más frecuente, llegando a superar el 50% en algunas series y con una media global del 35%, mayor en varones. Los autores sugieren que la endogamia y la relación biológica con la población bereber norteafricana podrían explicar esta alta frecuencia[1].

Fuentes