ContemporáneaCienciaSiglo XIXSanidad y colecciones científicas

Médico, docente y conservador

Médico y fundador de El Museo Canario, combinó la sanidad pública, la enseñanza y la formación de colecciones; atendió en Gando a los afectados por la gripe de 1918.

Primeros años

Andrés Navarro Torrens nació en Las Palmas de Gran Canaria el 23 de junio de 1844. Falleció en 1926. Médico, docente y conservador, perteneció a la generación que impulsó El Museo Canario y vinculó la investigación y el coleccionismo con la vida pública de la ciudad. Fue hijo del médico y memorialista Domingo José Navarro y Pastrana y de Agustina Torrens Pérez. Su trayectoria reunió la asistencia sanitaria, la enseñanza y el trabajo cotidiano en una institución científica que ayudó a formar junto con su padre.

Trayectoria histórica

Estudió en el colegio de San Agustín, donde ingresó en 1850, y terminó el bachillerato en 1861. Al año siguiente comenzó Medicina en la Universidad de Madrid. Concluyó la carrera entre 1867 y 1868 y amplió su formación en París antes de regresar a Las Palmas. Ejerció como médico en distintos centros y localidades de Gran Canaria. En 1884 contrajo matrimonio con Rosa Manly de Azofra; tuvieron tres hijos, de los que le sobrevivieron dos, Gustavo y Andrés.

Su carrera sanitaria alcanzó responsabilidades que concernían al conjunto de la población. En 1877 fue nombrado director de Sanidad Marítima, encargado de visitar los buques y sus tripulaciones para impedir la introducción de enfermedades epidémicas. En 1899 llegó a director de Higiene Pública. Compaginó esta actividad con clases en el Instituto Local de Segunda Enseñanza, desde 1872, y en el colegio de San Agustín, desde 1876. La docencia y la medicina ocuparon así espacios paralelos en su vida profesional.

Durante la epidemia de gripe de 1918, a los setenta y cuatro años, se instaló en el lazareto de Gando para atender a los tripulantes enfermos del vapor Infante Isabel. El establecimiento recibió cientos de afectados de aquella embarcación y alrededor de medio centenar falleció. Su actuación obtuvo atención de la prensa contemporánea y fue recompensada con la Gran Cruz de Beneficencia. El episodio prolongaba, en otra emergencia sanitaria, la dedicación médica que había caracterizado también a su padre durante el cólera de 1851.

Fue socio fundador de El Museo Canario en 1879 y desempeñó diferentes responsabilidades, entre ellas las vicepresidencias segunda y primera y el cargo de conservador inamovible. En 1888 viajó a México con la intención de hacer fortuna, sin conseguirlo. Regresó a Canarias en 1889 con una colección de piezas arqueológicas mexicanas que donó al museo. Sus aportaciones figuran junto a las de Diego Ripoche, René Verneau y Justine Rondot entre las que formaron la colección de arqueología extranjera de la institución.

Legado

También cultivó el dibujo y se interesó por los espacios verdes de la ciudad: proyectó y ejecutó un jardín frente a San Telmo en 1876 y fue nombrado director de Arbolado y Jardines Públicos en 1891. Dejó unas memorias inéditas y un diario del viaje mexicano, publicado por el Cabildo en 1991 con el subtítulo Diario patético de un emigrante. En 1932, la Sala Navarro del museo reconoció la contribución de padre e hijo a sus colecciones y a su historia.

Fuentes y contraste