Antes de la llegada de los europeos, los habitantes de La Palma conocían su isla con el nombre de Benahoare, que en su lengua significaba «mi patria» o «mi tierra». Se trataba de una sociedad pastoril adaptada a un territorio fragoso y elevado, cubierto de bosques en las cumbres y de pastos en las laderas. Los aborígenes no cultivaban trigo ni cebada: su alimento básico eran las raíces de helecho, el grano del amagante, la carne de cabra y oveja, la leche y, en ocasiones, la carne de cerdo. Cada señorío disponía de un lugar de culto formado por un montón de piedras en forma de pirámide, salvo el de Aceró, cuya devoción se centraba en un peñasco elevado situado entre los nacimientos de dos aguas. La isla producía también vino, miel, cera, pez, sangre de drago y los famosos quesos de leche mezclada de oveja y cabra, además de pieles gruesas conocidas como badanas.

La organización política de la isla se dividía en doce señoríos o capitanías, que los cronistas compararon con las formas de gobierno africanas. Cada territorio tenía su propio capitán y sus pastos estaban demarcados: el ganado de un término no podía pasar a otro sin pena. Desde Tazacorte y los Llanos —antiguo Adirane— hasta la impenetrable Caldera de Taburiente, llamada Aceró, los señoríos se sucedían por toda la geografía insular. Entre sus caudillos destacaban Mayantigo o Aganeye en Adirane, Chedey en Tijuya, Jugiero y Garehagua en Tigalale y Mazo, y Atogmatoma, señor de un extenso territorio en el oeste, que llegó a enfrentarse militarmente con su sobrino Tanausu, el defensor de Aceró. Este último señorío, casi inexpugnable por sus riscos y su hechura de caldera, sería el último en caer.

La Palma apareció pronto en la cartografía europea, lo que refleja su papel en el redescubrimiento atlántico de la Baja Edad Media. En el portulano mallorquín de Angelino Dulcert, datado en 1339, se representaron por primera vez Lanzarote, Fuerteventura y Lobos, y poco después la isla comenzó a figurar en mapamundis y cartas náuticas como los del Atlas catalán de los Cresques, el globo de Martin Behaim o las obras impresas de Martin Waldseemüller y Sebastián Caboto. Esa visibilidad cartográfica anticipó el interés castellano por completar la conquista del archipiélago. Antes de la expedición de Alonso Fernández de Lugo, otros intentos fracasaron: el más sonado fue el asalto de Guillén Peraza en la costa de Tinihuya, donde los palmeros, bajo el capitán Ehedey, rechazaron a los cristianos y mataron a más de doscientos de ellos, incluido el propio Peraza.

La empresa definitiva corrió a cargo de Alonso Fernández de Lugo, a quien los Reyes Católicos concedieron los derechos de anexión de La Palma. Según las crónicas, arribó a las costas de Tazacorte el 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel, y allí asentó su Real, levantando una ermita dedicada al santo. Desde ese punto fue recorriendo la isla, sometiendo con halagos y promesas a los señoríos de Adirane, Tijuya, Tamanca y otros, mientras que en Tigalale y Mazo tuvo que emplear las armas. La resistencia culminó en la Caldera de Taburiente, donde Tanausu se atrincheró con sus guerreros. Lugo, viendo la imposibilidad de tomar el lugar por la fuerza, envió como adalid a Juan de Palma para tratar con el caudillo. Tanausu accedió a entrevistarse en la fuente del Pino, pero el capitán castellano preparó una emboscada y lo hizo prisionero el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, tras una corta escaramuza. Con su captura quedó conquistada toda la isla, en una campaña que duró unos siete meses. Tanausu, humillado y enviado como cautivo a España, se dejó morir sin comer, un gesto que los cronistas consideraron común entre los palmeros.

Tras la conquista, la isla se incorporó a la Corona de Castilla y se procedió al reparto de tierras y al establecimiento de una economía colonial exportadora. El azúcar fue el primer gran producto de envergadura: en los barrancos de La Palma se instalaron ingenios movidos por el agua que bajaba de la Caldera, y en las nuevas plantaciones trabajaron esclavizados guanches, negros y moriscos. Las crónicas señalan que los acreedores de Lugo acabaron recibiendo azúcar en lugar de indígenas cautivos, pues el adelantado utilizó el producto de las cañas para saldar sus deudas. Junto al azúcar, el vino adquirió una notable importancia: los vinos palmeros, estimados por su sequedad y su resistencia en el transporte, se embarcaban hacia las Indias. La isla exportaba asimismo pez, cera, miel y pieles, articulando un comercio que conectaba el puerto de Santa Cruz con los circuitos atlánticos.

La historia reciente de La Palma no puede separarse de su vocación volcánica. Es la isla del archipiélago con más erupciones históricas registradas, todas ellas concentradas en la mitad sur hasta el siglo XX. En 1585, el volcán Tahuya estuvo precedido por un abombamiento del terreno que generó los Roques de Jedey; más tarde hicieron erupción el Martín o Tigalate en 1646, el San Antonio en 1677, El Charco en 1712 y los volcanes de San Juan, Mambroque y Hoyo Negro en 1949. La última erupción antes del siglo XXI fue la del Teneguía en 1971, con seis bocas de emisión y un único fallecimiento por intoxicación de gases.

El contexto contemporáneo quedó marcado por la erupción de Cumbre Vieja en 2021. Según el Instituto Geográfico Nacional, la actividad sísmica y de deformación se registró desde el 11 de septiembre, y la erupción comenzó el 19 de septiembre a las 14:10 UTC en la zona de Cabeza de Vaca, en el municipio de El Paso. El Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias dio por finalizada la erupción el 13 de diciembre de 2021 a las 22:21 UTC, tras 85 días y 8 horas de actividad. El 31 de enero de 2022 se ordenó el paso del semáforo de riesgo volcánico de rojo a amarillo, devolviendo la gestión de la emergencia al Cabildo. Este episodio actualiza una historia milenaria en la que la tierra, el mar y el esfuerzo humano han modelado una de las islas más singulares del Atlántico.

Claves de esta sección

Benahoare y sus doce señoríos

Los benahoaritas llamaban a su isla Benahoare («mi patria») y la dividían en doce señoríos o capitanías con pastos demarcados, desde Adirane hasta la Caldera de Aceró.

La derrota de Guillén Peraza

Antes de la conquista definitiva, los palmeros bajo el capitán Ehedey rechazaron el asalto de Guillén Peraza en la costa de Tinihuya, donde murieron más de doscientos cristianos, incluido el propio Peraza.

Conquista de 1492-1493

Alonso Fernández de Lugo desembarcó en Tazacorte el 29 de septiembre y sometió la isla en unos siete meses, combinando pactos con las armas en Tigalale y Mazo.

Tanausu y la Caldera

El señor de Aceró resistió en la Caldera de Taburiente hasta ser capturado mediante una emboscada en la fuente del Pino el 3 de mayo; cautivo, se dejó morir sin comer.

Azúcar y vino atlánticos

Los ingenios azucareros movidos por el agua de la Caldera y los vinos palmeros embarcados hacia las Indias articularon la economía colonial desde el puerto de Santa Cruz.

La isla de los volcanes

La Palma acumula el mayor registro eruptivo histórico del archipiélago: Tahuya (1585), Tigalate (1646), San Antonio (1677), El Charco (1712), San Juan (1949), Teneguía (1971) y Cumbre Vieja (2021), que duró 85 días.

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Fuentes