Antes de la conquista, la sociedad majorera de los mahos vivía sobre todo del ganado. Cabras y ovejas proporcionaban carne, leche, cueros y sebo, y el pastoreo organizaba el territorio con corrales, toriles y goyres para apartar a los baifos y, sobre todo, con gambuesas: grandes cercados de piedra donde se reunía el ganado suelto para reconocer las marcas de sus dueños. Esa operación colectiva, la apañada, y el ahijamiento de las crías sobrevivieron a la conquista y se prolongaron durante siglos como un uso comunal del pasto que distinguió a la isla. Todavía hoy se rastrean gambuesas junto a la playa de Jarugo, en el malpaís de Montaña Quemada o en la vertiente de Jandía, donde se conservan la Gambuesa de La Solana, la del Mulato y la de Las Pilas.
La conquista normanda de 1402 implantó en Fuerteventura un régimen señorial que marcaría su economía hasta bien entrado el siglo XIX. Los señores de la isla no solo percibían rentas y quintos sobre los frutos de la tierra: se reservaron también el aprovechamiento exclusivo de recursos silvestres como la orchilla, el liquen tintóreo que crecía en roques y acantilados. Las descripciones europeas del siglo XVI resumían la isla en pocas palabras: medianamente fértil en trigo y cebada, y también en vacas, cabras y orchilla, y pertenecía al mismo señor que Lanzarote. Aquel esquema —pastos, cereal y recolección— definió durante generaciones un país pobre en dinero, dependiente de la lluvia y muy expuesto a las decisiones de unos pocos.
El cereal convirtió a Fuerteventura, junto a Lanzarote, en el llamado «granero de Canarias». En los años de lluvia la isla producía trigo y cebada suficientes para exportar a las islas centrales, Tenerife y Gran Canaria, y ese calificativo se repitió en la documentación durante siglos, hasta que la agricultura contemporánea lo dejó atrás. La clave técnica fueron las gavias: parcelas llanas cerradas por caballones de tierra que embeben las aguas de escorrentía de los barrancos, emparentadas con los nateros y con los enarenados de las islas vecinas. Además de permitir la siembra en un territorio con menos de doscientos milímetros de lluvia anuales, las gavias frenan la erosión del suelo, retienen los nutrientes y favorecen la recarga de los acuíferos, razón por la que su abandono se considera hoy un problema ambiental.
A la sombra del cereal prosperaron tres productos de exportación. La orchilla, monopolizada por el señorío, generó pleitos sonados: a finales del siglo XVIII don Agustín Cabrera Bethencourt, coronel de los Reales Ejércitos y vecino de Fuerteventura, litigó contra quienes compraban el liquen al margen del privilegio señorial, y la Real Audiencia falló a su favor obligando a los vecinos a entregarle la hierba. La barrilla, de cuyas cenizas se obtenía sosa para jabones y vidrio, vivió su esplendor en el tránsito del siglo XVIII al XIX —hasta el punto de que un viajero describió Puerto de Cabras como «un mercado de barrilla y cereales»— y motivó memorias técnicas presentadas ante la Real Sociedad Económica. La cal, cocida en hornos costeros, completaba el repertorio y abastecía a las obras de la isla.
Aquella economía era extremadamente frágil. Bastaba que faltase la lluvia para que el granero se vaciara y llegara el hambre, un ciclo tan repetido entre 1600 y 1800 que ha merecido monografías propias. Los cabildos recurrían al marqués de Lanzarote o a las islas vecinas para importar grano, y cuando no había remedio la alternativa era abandonar la isla o perecer: los majoreros huyeron primero a Lanzarote y a Gran Canaria, luego a otras islas del archipiélago y, desde el siglo XIX, en oleadas hacia América. Las crisis del último tercio del ochocientos —malas cosechas y epidemias como la fiebre amarilla— dispararon de nuevo la salida de población, documentada con detalle en los expedientes del ayuntamiento de Puerto de Cabras entre 1835 y 1900.
Sobre esa sociedad campesina se alzó un poder local extraordinariamente concentrado. En La Oliva, los coroneles de las Milicias Provinciales acumularon durante el siglo XVIII y buena parte del XIX el mando militar, el control del cabildo, la recaudación de las rentas decimales y la gestión de las tierras señoriales. Su residencia, la Casa de los Coroneles, con decenas de balcones y galerías de madera, fue declarada monumento histórico-artístico y sigue leyéndose como el centro del dominio económico, político y administrativo de la isla, motivo por el cual se planteó su recuperación integral junto con todo su entorno. A su alrededor, capitanes y subtenientes de milicias emparentados entre sí compraron tierras desamortizadas en el siglo XIX y consolidaron una oligarquía rural muy estable.
El mar y el ganado sostuvieron lo que el cereal no daba. Los majoreros participaron en las pesquerías del banco sahariano y de la costa de África, donde el cherne y otras especies se conservaban en salazón o secas y donde cada vez había que navegar más al sur para llenar las bodegas; ya en el siglo XX la conserva industrial fue desplazando a esos métodos tradicionales. El queso, en cambio, nunca perdió terreno: aparece en los libros de fábrica y en los diezmos desde el siglo XVII, cuando la Iglesia cobraba el medio diezmo de quesos, corderos y cabritos de toda la isla, y la costumbre de mezclar leche de cabra y de oveja para lograr una pasta más rica anticipa el actual queso majorero, hoy la seña gastronómica de Fuerteventura.
El turismo llegó tarde y de golpe. Frente al despegue temprano de Tenerife y Gran Canaria, en Fuerteventura los primeros hoteles de Jandía y los bloques de apartamentos de Corralejo, junto al Parador Nacional levantado cerca de Puerto del Rosario, no se materializaron hasta los años sesenta. La verdadera explosión vino después: entre 1970 y 1974 se tramitaron decenas de planes hoteleros, casi siempre ampliando los núcleos ya existentes de Corralejo y Jandía, a los que se sumaron Costa Calma y Caleta de Fuste. Los grandes establecimientos construidos sobre el jable alteraron la dinámica dunar al sur de Corralejo y obligaron a proteger el sistema, mientras la isla pasaba de exportar emigrantes a recibir población de otras islas, de la Península, de Europa y de América Latina, invirtiendo en pocas décadas una historia demográfica de siglos.
Claves de esta sección
Gambuesas, apañadas y ahijamientos
El pastoreo de cabras y ovejas heredado de los mahos organizó el territorio con corrales, toriles y grandes gambuesas donde el ganado suelto se reunía para reconocer las marcas de sus dueños.
El «granero de Canarias» y las gavias
En años de lluvia la isla exportaba trigo y cebada a Tenerife y Gran Canaria gracias a las gavias, parcelas cerradas por caballones que embeben la escorrentía, frenan la erosión y recargan los acuíferos.
Orchilla, barrilla y cal
La orchilla, monopolio señorial que provocó pleitos como el del coronel Agustín Cabrera Bethencourt, la barrilla que hizo de Puerto de Cabras un mercado exportador y la cal de los hornos costeros sostuvieron el comercio.
Hambrunas y emigración
Las sequías vaciaban el granero entre 1600 y 1800 y empujaban a la población a huir a Lanzarote, Gran Canaria y otras islas, y desde el siglo XIX a América, según los expedientes de Puerto de Cabras.
Señorío y coroneles de milicias
En La Oliva, los coroneles de las Milicias Provinciales reunieron mando militar, cabildo, rentas decimales y tierras; la Casa de los Coroneles, monumento histórico-artístico, resume ese poder.
Pesca, salazón, queso y turismo tardío
Las pesquerías saharianas con salazón y seco y el queso de leche de cabra y oveja precedieron a un turismo que solo despegó en los sesenta con Jandía, Corralejo, Costa Calma y Caleta de Fuste.
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Fuentes
- Cabildo de Lanzarote; Cabildo de Fuerteventura (eds.) — I Jornadas de Historia de Fuerteventura y Lanzarote – Tomo 1 Historia y Geografía (1984), pp. 569 p. Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote / Cabildo de FuerteventuraVer ficha bibliográfica
- Cabildo de Lanzarote; Cabildo de Fuerteventura (eds.) — II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura – Tomo 1 Historia (1987), pp. 474 p. Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote / Cabildo de FuerteventuraVer ficha bibliográfica
- Cabildo de Lanzarote; Cabildo de Fuerteventura (eds.) — XIX Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura - Tomo II Historia, geografía (2025), pp. 410 p. Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote / Cabildo de FuerteventuraVer ficha bibliográfica
- Cabildo de Lanzarote; Cabildo de Fuerteventura (eds.) — IX Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote – Tomo 2 Historia del Arte, Geografía, Lengua y Literatura (2003), pp. 608 p. Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote / Cabildo de FuerteventuraVer ficha bibliográfica