Introducción
En la primera mitad del siglo XIX, Philip Barker Webb y Sabin Berthelot dedicaron varias páginas de su Histoire naturelle des îles Canaries a localizar los nombres antiguos del archipiélago. Una de sus propuestas más discutidas fue identificar a Lanzarote y Fuerteventura con las Islas Purpurarias (Purpurariae) citadas por Plinio el Viejo[1]. En su momento, la idea tuvo peso porque encajaba con la interpretación de los geógrafos Gosselin y d’Anville y con la abundancia de orchilla en el oriente canario. Sin embargo, la investigación moderna ha cuestionado esa identificación y ha situado las Purpurariae en un lugar distinto: los islotes frente a la actual Essaouira (Marruecos).
La hipótesis de Webb y Berthelot
Webb y Berthelot siguieron a Gosselin y a d’Anville para sostener que las Purpurariae eran Lanzarote y Fuerteventura. El pasaje más explícito dice: «nous partageons l’opinion de ce savant commentateur qui, à l’exemple de d’Anville, a rapporté cette ancienne dénomination à Lancerotte et à Fortaventure»[1]. Su argumento se apoyaba en dos pilares: la lectura de los textos clásicos y la presencia de un tinte valioso en esas islas.
Para explicar el nombre, los autores citaron a Bory de Saint-Vincent: la sustancia buscada no sería la púrpura de molusco, sino la orchilla (Roccella), un líquen muy apreciado para teñir. La abundancia de esta planta en Lanzarote y Fuerteventura parecía confirmar la hipótesis: «L’abondance de cette plante dans les îles de Lancerotte et Fortaventure semblerait confirmer les assertions de M. Bory»[1].
Lo que dice realmente Plinio
El problema de la identificación canaria aparece cuando se vuelve al texto de Plinio el Viejo (Naturalis Historia, 6,201-205). Plinio reproduce el informe que el rey Juba II de Mauritania elaboró sobre sus expediciones al Atlántico. Allí se distingue claramente entre dos grupos de islas:
- Las Purpurariae, situadas «frente a los autololes», donde Juba había instalado talleres de púrpura.
- Las Fortunatae Insulae, es decir, las Canarias, situadas más allá de las Purpurariae[2][3].
La distancia que da Plinio —625.000 pasos desde las Purpurariae hasta las Fortunatae— y la dirección del viaje (primero hacia el occidente y luego hacia el oriente) encajan mal con la idea de que ambos nombres designen el mismo par de islas[1].
La interpretación moderna: Mogador y Essaouira
A partir de mediados del siglo XX, los arqueólogos Jean Desjacques y Paul Koeberlé identificaron las Purpurariae con los islotes situados frente a Mogador, la actual Essaouira (Marruecos). Su argumento se basa en que estos islotes están efectivamente delante del territorio de los autololes y en que las excavaciones han revelado restos de factorías de púrpura que funcionaron entre el siglo IV a.C. y el siglo IV d.C.[3][4].
Enrique Gozalbes Cravioto y José María Blázquez Martínez han revisado posteriormente el debate y han destacado que la mayoría de la crítica actual descarta que las Purpurariae fueran Lanzarote y Fuerteventura. Blázquez señala que H. Treiller ya se inclinaba por Mogador y descartaba la identificación canaria[3].
¿Y la orchilla de Lanzarote y Fuerteventura?
La orchilla sigue siendo un capítulo real de la historia económica de Lanzarote y Fuerteventura. Los cronistas de la expedición de Béthencourt ya mencionaban en el siglo XV una «graine… qu’on appelle orsolle» que servía para teñir[1]. Pero que esas islas produjeran orchilla no demuestra que fueran las Purpurariae de Plinio. Como mucho, explica por qué Webb y Berthelot encontraron plausible su hipótesis.
Conclusión
La identificación de Lanzarote y Fuerteventura como Islas Purpurarias es una propuesta del siglo XIX que refleja el estado de la erudición de Webb y Berthelot, no una verificación arqueológica. Hoy la investigación clásica y los hallazgos en Mogador apuntan a que las Purpurariae estaban en la costa atlántica de Marruecos, mientras que las Canarias correspondían a las Fortunatae Insulae. El artículo, por tanto, debe leerse como un ejemplo de cómo las fuentes antiguas se reinterpretan con el tiempo: lo que en 1839 parecía una identificación razonable, en el siglo XXI se considera una hipótesis descartada por la mayor parte de los especialistas.
