En el periodo comprendido entre septiembre de 1880 y febrero de 1881, El Museo Canario, órgano de la Sociedad del mismo nombre en Las Palmas de Gran Canaria, documentó una expedición arqueológica a las cuevas sepulcrales del barranco de Guayadeque. Según los autores de la revista, el objetivo era continuar los trabajos de exploración en la zona y recoger materiales de interés antropológico y arqueológico para enriquecer las colecciones del museo[1].
La expedición, relatada en detalle, describe cómo los participantes accedieron a cuevas de difícil acceso, algunas de las cuales no habían sido visitadas anteriormente. Para penetrar en una de estas cuevas, un trabajador tuvo que descender por una cuerda, encontrando en su interior objetos de importancia y restos humanos en buen estado de conservación[1].
Una de las cuevas, denominada por los expedicionarios como “la cueva del Artillero”, presentaba en su interior una estructura compleja: una cueva principal de siete metros de largo por cinco de ancho, con una ventana y dos poyos de metro y medio de altura. En ella se hallaron esqueletos paralelamente dispuestos, todos cubiertos con envolturas de juncos y, en algunos casos, pieles. No se encontraron vestigios de sepultura en el suelo, destacando las condiciones especiales del lugar para su uso funerario. Las aberturas de la cueva permitían una fuerte corriente de aire constante, independientemente del clima exterior[1].
En otra cueva cercana, formada por dos compartimentos tallados en la roca y sostenidos por tres columnas, los investigadores observaron que la parte anterior parecía haberse hundido, lo que explicaría la presencia de esqueletos en la entrada y fuera de ella. Los cuerpos, también envueltos en tejidos de junco y pieles, se encontraban mezclados sin separación de sexos ni orden aparente, contradiciendo la idea tradicional de que los antiguos canarios enterraban a sus muertos de forma aislada y ordenada[1].
Los restos recogidos fueron trasladados cuidadosamente al pueblo del Ingenio para su posterior estudio. La expedición concluyó que los hallazgos de Guayadeque aportaban datos suficientes para avanzar en el conocimiento del antiguo pueblo canario, tanto desde el punto de vista antropológico como tipográfico. Además, los autores dedujeron dos hechos históricos de interés: que el pueblo de Agüimes, identificado por algunos historiadores como el antiguo Argones, sería en realidad Guayadeque; y que, contrariamente a lo sostenido hasta entonces, los antiguos canarios no siempre enterraban a sus muertos de manera aislada ni en la misma dirección, sino que podían encontrarse mezclados y en distintas posiciones[1].
Según la fuente, la Sociedad del Museo Canario consideraba prioritario organizar periódicamente excursiones similares en Gran Canaria y otras islas, con el fin de completar las colecciones y arrojar luz sobre la historia y la antropología de los aborígenes canarios[1].
