El Jable de Lanzarote: Transformaciones históricas y poblamiento aborigen
El Jable es una extensa zona central de la isla de Lanzarote, caracterizada por su superficie sedimentaria de origen marino, compuesta principalmente por arenas móviles y restos de conchas marinas, foraminíferos y gránulos calcáreos[1]. Esta área, que se extiende desde la bahía de Penedo y la playa de Famara hasta la costa centro-oriental de la isla, constituye una franja de aproximadamente 5 km de ancho que atraviesa Lanzarote de norte a sur[1].
La composición y el espesor del Jable varían según la zona. En regiones como Soo y Famara, la arena es más blanca y pura, mientras que hacia el sur se mezclan cenizas volcánicas y polvo sahariano[1]. Además, la cobertura vegetal y las actividades humanas han influido en la extensión del Jable a lo largo del tiempo. Por ejemplo, la tala de arbustos como aulagas y codesos facilitó el avance de las arenas, lo que llevó a prohibiciones municipales para proteger la vegetación y evitar el desplazamiento del Jable[1].
A lo largo de la historia, el Jable ha experimentado transformaciones significativas debido a fenómenos naturales y actividades humanas. Catástrofes como la tormenta de 1825-30 provocaron el avance de las arenas, inutilizando terrenos fértiles y sepultando núcleos de población y cultivos, como se documenta en las actas del Ayuntamiento de Teguise y en testimonios de la época[1]. El cura de San Bartolomé, en 1830, describió cómo las arenas del Jable inutilizaron tierras fértiles y desplazaron a poblaciones enteras, como Mozaga y Fiquinineo, cuyos vestigios arqueológicos y referencias históricas confirman su existencia y posterior abandono[1].
La tradición oral y los documentos históricos recogen la desaparición de pueblos enteros bajo el Jable, como Fiquinineo, Los Bebederos-Las Cruces y Muñique, así como la migración de sus habitantes hacia zonas no afectadas por las arenas[1]. Pascual Madoz, en su diccionario de mediados del siglo XIX, ya mencionaba ruinas y poblados enterrados en el Jable, destacando la importancia de estos enclaves en la historia insular[1].
El aprovechamiento del Jable ha sido diverso a lo largo de los siglos. Desde el pastoreo aborigen hasta la agricultura de secano y la extracción de recursos como la barrilla, el Jable ha sido vital para la supervivencia de las comunidades locales[1]. Sin embargo, la presión humana reciente, el desarrollo urbanístico y la especulación han puesto en peligro tanto el ecosistema como los vestigios arqueológicos y etnográficos de la zona[1].
En conclusión, el Jable de Lanzarote es un ejemplo de cómo los factores naturales y humanos han modelado el paisaje y la historia de la isla, afectando el poblamiento, la economía y la cultura desde tiempos aborígenes hasta la actualidad[1].
