El comercio entre Lanzarote y Madeira durante la Edad Moderna
Las relaciones comerciales entre Lanzarote y el archipiélago de Madeira constituyeron uno de los ejes fundamentales de la economía insular durante los siglos XVI y XVII. Estas relaciones se basaron en una economía de complementariedad, donde ambos territorios intercambiaban productos según sus necesidades y excedentes [1].
La proximidad geográfica facilitó el contacto entre Lanzarote y Madeira, permitiendo que el trayecto entre ambas islas se realizara en apenas dos jornadas de navegación. Además, los navíos europeos que transitaban por el Atlántico solían hacer escala en Madeira antes de llegar a Canarias, lo que favorecía el intercambio de mercancías entre ambos archipiélagos [1].
Uno de los principales productos exportados desde Lanzarote a Madeira fue el cereal, especialmente trigo y cebada. La creciente demanda de caña de azúcar en Madeira durante el siglo XV redujo la superficie dedicada al cereal en la isla portuguesa, lo que generó una dependencia de las importaciones desde Canarias. Según estudios realizados, entre 1550 y 1640, dos tercios del cereal importado por Madeira procedía de Canarias, y dentro de este volumen, Lanzarote ocupaba un papel destacado. En el siglo XVII, Lanzarote llegó a aportar hasta el 77,5% de las importaciones de cereal madeirense, mientras que Fuerteventura alcanzó el 14,1% [1].
El comercio no se limitó a los cereales. Otro producto central en las relaciones fue el esclavo negro. Desde el siglo XV, las islas castellanas abastecían de esclavos indígenas a Madeira, y posteriormente, la isla portuguesa, gracias a su posición estratégica en el mercado africano, se convirtió en un punto de aprovisionamiento de esclavos para Lanzarote y Fuerteventura. Aunque no se puede precisar el número exacto de esclavos reexportados, existen testimonios documentales que confirman la existencia de este tráfico. Por ejemplo, entre 1619 y 1643, Madeira envió 44 esclavos a Canarias, de los cuales 43 se dirigieron a Lanzarote [1].
La adquisición de esclavos por parte de Lanzarote respondía tanto a la disponibilidad en el mercado madeirense como a la cercanía entre ambas islas. Sin embargo, la economía lanzaroteña, centrada en la agricultura de subsistencia, no requería grandes cantidades de mano de obra esclava, por lo que muchos de estos esclavos se destinaban al servicio doméstico y al boato de las familias acomodadas, como la Marquesa de Lanzarote, que llegó a poseer hasta 25 esclavos para su casa [1].
Además de cereales y esclavos, el comercio incluía otros productos como ganado, quesos, cueros y orchilla, que se exportaban desde Lanzarote y Fuerteventura hacia Madeira. A cambio, los lanzaroteños importaban de Madeira vino, miel, zumaque para el curtido de cueros y diversos artículos de mercería y confección, aunque el producto más demandado seguía siendo el esclavo negro [1].
Las fuentes documentales que permiten reconstruir este comercio son fragmentarias, debido a la pérdida de archivos históricos por ataques y desastres, pero los protocolos notariales y algunos registros de aduanas han permitido a los investigadores cuantificar y caracterizar estas relaciones. El comercio entre Lanzarote y Madeira es un ejemplo claro de la integración de los archipiélagos atlánticos en una economía de escala regional, donde la complementariedad de recursos y la proximidad geográfica jugaron un papel esencial en el desarrollo económico de ambas islas durante la Edad Moderna [1].
