Introducción
El estudio del papel de Lanzarote y Fuerteventura en los manuales escolares y textos de enseñanza sobre Canarias publicados entre 1978 y 1987 revela una tendencia a tratar estas islas de forma secundaria y a menudo mediante tópicos. El análisis se centra en cuatro obras representativas: Natura y Cultura de las Islas Canarias (1978), Canarias (Anaya, 1982), Cuadernos de Historia de Canarias (ICSE, 1987) y Canarias (Anaya, 1987), que fueron ampliamente utilizados en el sistema educativo canario tras la transición democrática[1].
Metodología y objetivos de los manuales
Estos manuales pretendían, en líneas generales, fomentar el conocimiento del entorno y la historia local como punto de partida para la comprensión de la realidad canaria. Sin embargo, el análisis muestra que, aunque se parte de la historia local, el enfoque aplicado a Lanzarote y Fuerteventura es poco específico y tiende a integrarlas en el concepto general de “Región” o “Archipiélago”, prescindiendo de sus particularidades insulares[1].
Tratamiento historiográfico
En Natura y Cultura de las Islas Canarias, Lanzarote y Fuerteventura aparecen como ejemplos de islas “periféricas”, caracterizadas por su aridez, sequía, fácil conquista y desarrollo turístico. El manual emplea una “Historia Relato”, centrada en acontecimientos y personajes, y utiliza términos como “Guanche” de manera poco rigurosa, uniformando la diversidad aborigen. Además, se observa un determinismo medioambiental y un reduccionismo temático, donde la aridez y el turismo se convierten en los ejes principales de la narrativa sobre ambas islas[1].
En los Cuadernos de Historia de Canarias, aunque se busca una metodología más activa y actualizada, el tratamiento de Lanzarote y Fuerteventura sigue siendo testimonial. Se las agrupa como “Islas Orientales” y su conquista se presenta como un proceso rápido y sin resistencia, repitiendo esquemas de estudios anteriores y sin introducir matices insulares relevantes[1].
El manual Canarias (Anaya, 1982) permite la introducción de matizaciones locales, pero en la práctica, Lanzarote y Fuerteventura son tratadas principalmente como ejemplos de fenómenos generales del archipiélago, como el volcanismo, el turismo o el clima seco. La historia se presenta de forma lineal y anecdótica, con escasa profundización en las especificidades de ambas islas[1].
El Canarias (Anaya, 1987), dirigido a etapas superiores, tampoco otorga protagonismo a Lanzarote y Fuerteventura, que aparecen de forma puntual, asociadas a tópicos como la aridez o el respeto al medio ambiente (en el caso de Lanzarote), mientras que Fuerteventura es aún más ignorada. El enfoque generalista y la metodología transmisiva refuerzan la falta de especificidad en el tratamiento de estas islas[1].
Conclusiones
El análisis de estos manuales muestra que la evolución en la enseñanza de la historia de Canarias no se ha reflejado de forma clara en el caso de Lanzarote y Fuerteventura. Persisten los tópicos y la visión reduccionista, con escasa atención a las particularidades insulares y una tendencia a integrarlas en una narrativa regional generalizada. El contenido didáctico específico sobre ambas islas suele limitarse a fotografías y gráficos sobre el paisaje o actividades económicas, sin un desarrollo profundo de su historia o cultura propias[1].
