Paisaje volcánico de Timanfaya, Lanzarote.
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En resumen

El camello dejó huella hasta en el habla de las islas.

Quien ha pisado Timanfaya los ha visto: hileras de animales pacientes, tumbados sobre la lava negra, esperando a que alguien se suba a lomos. Parecen sacados de otro paisaje, de un desierto de postal. Y tienen un secreto que casi nadie les pregunta: no son camellos, son dromedarios. En Canarias, sin embargo, siempre se les ha llamado camellos, y así seguirán llamándose mientras sigan ahí.

Un animal de trabajo venido de África

Llegaron desde África a partir de 1405 y, desde el principio, se convirtieron en el animal de trabajo por excelencia de las islas. Su origen genético, además, se emparenta con el de los dromedarios de Tinduf, en Argelia: un hilo vivo que ata Lanzarote al Sáhara. Fueron Lanzarote y Fuerteventura, por su terreno llano y su clima casi estepario, las islas donde mejor se adaptaron. El camello era el auxiliar imprescindible del campesino: arrastraba el trillo, tiraba del arado y trabajaba campos que el volcán había vuelto ingratos. Hoy, a las generaciones más jóvenes les cuesta imaginar la importancia agrícola que tuvieron estos animales en una tierra tan árida y desolada por los volcanes.

Un animal con su propio vocabulario

El camello dejó huella hasta en el habla de las islas. Un “guelfo” es la cría que todavía mama; un “majalulo” o una “majalula”, la que ya dejó la leche y aún no es adulta, palabra que también sirve para llamar torpe a una persona; y “tuchir-fuchir” es arrodillarse, dicho tanto de los camellos como de la gente. Pequeñas palabras que recuerdan lo cerca que vivieron camellos y personas.

Un camello con papeles

Que hoy se hable del camello canario como de una raza propia se debe en buena parte al trabajo de la ciencia. Todo empezó en el año 2000, cuando los responsables del parque La Lajita, en Fuerteventura, contactaron con el profesor Javier Cañón Ferreras, de la Complutense, para estudiar al camello majorero, algo distinto del africano en su morfología. Aquellos trabajos se tradujeron en estudios científicos —uno de ellos publicado en 2005 en la revista de recursos zoogenéticos de la FAO— y la Asociación para el Desarrollo Rural de Lanzarote financió el dedicado a su historia y su situación actual. A finales de marzo de 2011, el camello canario pasó a considerarse una raza propia, y quedó incorporado al Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España. Durante siglos se mezcló con otros dromedarios llegados de África; hoy, por motivos sanitarios, la exportación de dromedarios africanos está prohibida. Aun así, no todos los dromedarios de las islas pueden considerarse camello canario, porque durante el siglo XX hubo también importaciones del Magreb.

Un viaje que empezó hace millones de años

Hay un capítulo menos conocido: el primer camello que pisó Australia salió de Tenerife. Se llamaba Harry, desembarcó en Port Adelaide el 12 de octubre de 1840 y fue el único superviviente de una travesía que dejó a sus compañeros por el camino. Años después, la mayoría de los camellos australianos llegarían de la India, pero el primero era canario. Y si tiramos más atrás del hilo, la hipótesis más aceptada sitúa el origen de los camellos no en África, como se podría pensar, sino en Norteamérica, hace entre cincuenta y sesenta millones de años. Un viaje larguísimo, con escala en el Sáhara y en Canarias, antes de acabar tumbado sobre la lava de Timanfaya.

Del campo al turismo

Con el tiempo, la mecanización les quitó el trabajo. Tras el abandono progresivo de la agricultura, buena parte de los que quedan en Lanzarote se asocian hoy al echadero del Parque Nacional de Timanfaya. Allí cargan turistas en lugar de arados: el paseo, de unos veinte minutos por la ladera sur del volcán, evoca precisamente el uso agrícola que tuvo este animal en el pasado. Una forma curiosa de supervivencia: el animal que ayudó a cultivar la isla sigue ahí, recordándole al visitante cómo se vivía antes.

Es una imagen que cuesta olvidar: sobre la misma lava que un cura vio nacer en 1730, camina hoy un animal que lleva más de seiscientos años en la isla. Un animal que no es camello, que vino de África y que, cuando toca arrodillarse, todavía hace tuchir-fuchir.

Referencias

  1. Universidad Complutense de Madrid — Tribuna Complutense (n.º 35, 3 de mayo de 2011): artículo sobre el estudio del profesor Javier Cañón Ferreras acerca del camello canario. Disponible en: ucm.es

  2. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC): Camellos en Canarias: ganadería tradicional única en Europa. Disponible en: accedacris.ulpgc.es

  3. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) — Memoria Digital de Canarias: El Camello en Canarias. Disponible en: mdc.ulpgc.es

  4. Gobierno de Canarias — Parque Nacional de Timanfaya: Visitas guiadas (Echadero de los Camellos). Disponible en: gobiernodecanarias.org

  5. Burke & Wills Web: Introducing camels into Australia (The first camel in Australia). Disponible en: burkeandwills.net.au