Gestor de prensa y promotor cultural
Miembro de la redacción de Ecos, gerente de La Crónica y vicepresidente segundo de El Museo Canario. Participó en las tertulias de Luis Millares Cubas y presentó obras y homenajes de escritores canarios.
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Gestor de prensa y promotor cultural
Miembro de la redacción de Ecos, gerente de La Crónica y vicepresidente segundo de El Museo Canario. Participó en las tertulias de Luis Millares Cubas y presentó obras y homenajes de escritores canarios.
Rafael Hernández Suárez fue un gestor de prensa y promotor cultural vinculado a la vida literaria de Las Palmas durante las primeras décadas del siglo XX. Su actividad documentada reúne la participación en el periódico Ecos, la gerencia de La Crónica y la vicepresidencia segunda de El Museo Canario. A través de esos espacios compartió iniciativas con escritores que renovaron la poesía y la vida cultural de la ciudad.
Frecuentó las tertulias de la casa de Luis Millares Cubas, donde se leían versos, se representaban obras teatrales, se escuchaba música y se discutían libros y publicaciones recién llegados. La Biblioteca de Canarias lo incluye entre sus asistentes habituales, junto a Tomás Morales, Néstor, Agustín Millares Carlo y Claudio de la Torre. Ese entorno relacionaba la conversación privada con la circulación pública de ideas y con el apoyo entre autores y artistas.
Juan Rodríguez Doreste lo sitúa entre los integrantes de la redacción de Ecos en marzo de 1917. En ese grupo coincidían Tomás Morales, Saulo Torón, Claudio de la Torre y Rafael Romero, conocido literariamente como Alonso Quesada. El periódico era uno de los lugares de encuentro de una generación que combinaba la escritura, las artes plásticas y el interés por nuevas iniciativas culturales en Gran Canaria.
Su responsabilidad en la prensa se concreta en la plantilla que La Crónica anunció en febrero de 1919, al preparar su salida matinal. Hernández Suárez figuraba como gerente, mientras Rafael Romero ocupaba la dirección y Néstor de la Torre Millares la subdirección. La relación de redactores y colaboradores muestra la conexión del diario con poetas, investigadores y profesionales de la ciudad y con autores establecidos fuera de la isla.
En 1918 era vicepresidente segundo de El Museo Canario. Su amistad con Saulo Torón formaba parte del contexto del ciclo de lecturas y conferencias iniciado en la biblioteca de la sociedad. En agosto se presentaron poemas de Las monedas de cobre, todavía inédito, con una introducción de Claudio de la Torre. La edición del libro llegó en noviembre de 1919. Estos encuentros acercaban la creación reciente a un público reunido en una institución dedicada también a conservar el patrimonio escrito.
El 27 de septiembre de 1918 Hernández Suárez pronunció la introducción de Las canciones del alba, de Fernando González. Conocía al poeta desde que Alonso Quesada lo había presentado en la tertulia que ambos frecuentaban. Rafael Cabrera leyó después una selección de poemas. Las crónicas recogieron valoraciones diversas del ambiente de aquella sesión, y el ejemplar dedicado por el autor pasó a las colecciones de la biblioteca del Museo.
En febrero de 1919 intervino asimismo en el homenaje a Luis Millares Cubas celebrado en el Hotel Santa Catalina. Ofreció el acto mediante un discurso, en una jornada que incluyó la primera lectura de la Epístola a un médico por Tomás Morales. Sus intervenciones documentan una labor de mediación cultural: participó en equipos de prensa, sostuvo vínculos entre escritores y presentó obras y homenajes ante el público de Las Palmas.