La Selva de Doramas: Descripción y Significado en la Gran Canaria del siglo XV - Personajes
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La Selva de Doramas fue uno de los espacios naturales más emblemáticos de la Gran Canaria prehispánica, extendiéndose al norte de la isla desde el distrito de Arucas hasta el de Moya, e incluyendo los de Firgas y Teror, con una superficie de más de cuatro leguas cuadradas[1]. Este bosque, que recibió su nombre del célebre caudillo Doramas, se caracterizaba por su vegetación exuberante y su ambiente sombrío, resultado de la densa bóveda de follaje formada por árboles centenarios que impedían la entrada de la luz solar[1].

El suelo de la selva estaba cubierto de hojas secas, césped y enredaderas que trepaban y se enlazaban en los árboles, creando una alfombra natural que, junto a las suaves ondulaciones del terreno, ofrecía un paisaje variado y pintoresco[1]. Bandadas de pájaros de vivos colores interrumpían ocasionalmente el silencio del bosque con sus cantos, mientras una vegetación vigorosa y verdaderamente tropical brotaba por todas partes, presentando constantemente nuevos paisajes[1].

La importancia de la Selva de Doramas no solo radicaba en su riqueza natural, sino también en su función como refugio y base de operaciones para Doramas, un hombre nacido del pueblo que supo aprovechar el estado de agitación del país para ascender socialmente[1]. Doramas y sus seguidores establecieron en este bosque un estado independiente, aprovechando la feracidad y extensión del territorio, sin que los Guanartemes o reyes de Teide y Gáldar opusieran resistencia[1].

Las crónicas y descripciones literarias de la época, como la de Cairasco en 1581, resaltan la magnificencia de la selva: “Este es el bosque umbrífero que de Doramas tiene el nombre célebre, y aquestos son los árboles que frisan ya con los del monte Líbano, y las palmas altísimas mucho más que de Egipto las pirámides…”[1]. El obispo don Cristóbal de la Cámara y Murga, en 1634, también subrayó la grandiosidad del lugar, mencionando la variedad de árboles, la abundancia de arroyos y la espesura que impedía que el sol llegara al suelo[1].

La Selva de Doramas se convirtió así en un símbolo de la riqueza natural de Gran Canaria y en un escenario central de los acontecimientos históricos del siglo XV. Su recuerdo ha perdurado en la toponimia y en la memoria colectiva, aunque hoy no se conserve ni siquiera el lugar exacto donde existió este bosque[1].

Fuentes