La figura de Secundino Delgado ocupa un lugar destacado en el estudio del autonomismo canario de principios del siglo XX, especialmente a través de su actividad periodística y su vinculación con el periódico ¡Vacaguaré![1]. Delgado, tras regresar en 1900 de su exilio voluntario en América, se integró en la vida política y social de Canarias, colaborando activamente en El Obrero, órgano de la Asociación Obrera en Santa Cruz de Tenerife, desde donde impulsó una campaña en favor de la autonomía del archipiélago[1].
La propuesta de Delgado consistía en que Canarias tuviera “sus cuerpos legislativos particulares y ejecutivos con un gobernador general a quien auxilia el Consejo ejecutivo o Gabinete, apoyado por la mayoría de la Asamblea legislativa”, defendiendo que “las tendencias de Inglaterra en asimilarnos por medio de su comercio y su industria, serían nulas siendo autonómicas las Afortunadas, porque antes que todo está el orgullo de razas, el idioma, las costumbres, etc”[1]. Para Delgado, la autonomía era la vía para mantener los vínculos políticos con España y evitar el avance de intereses británicos en las islas[1].
La detención de Secundino Delgado se convirtió en un episodio central del debate autonomista. Oficialmente, se le acusó de “conspirar contra el gobierno español en Cuba y el haber atentado, junto con Zayas, en el palacio de Valeriano Weyler en La Habana”, aunque la opinión pública canaria interpretó que el verdadero motivo era “reprimir su campaña autonomista y neutralizar el periódico ¡Vacaguaré!, fundado por el lanzaroteño Manuel Déniz Caraballo y que dirigía Secundino en Santa Cruz de Tenerife”[1].
El tratamiento de la prensa insular sobre la prisión de Delgado fue diverso. Ángel Guerra (seudónimo de José Betancort Cabrera) sostenía que “para el fundador del periódico Vacaguaré es doble castigo el silencio que en torno le hizo la Prensa insular y la solemne indiferencia con que las gentes acogieron su recelosa predicación. Ideas que nacen muertas, no es necesario matarlas. Ni arraigan ni perduran”[1]. Sin embargo, el propio autor del estudio señala que esta información “no parece muy exacta y veraz, porque como ya hemos señalado, el fundador de ¡Vacaguaré! no fue Secundino Delgado, sino Manuel Déniz Caraballo. La dirección del periódico, sí la asumió Secundino. Tampoco es cierto que la prensa insular respondiera con el silencio a la campaña autonomista del ¡Vacaguaré!, quizás con sorpresa o temor a la novedad que suponía”[1].
El periódico El Grito del Pueblo, de tendencia republicana, reflejó la noticia de la prisión de Delgado señalando: “Hemos sabido que el consecuente autonomista y compañero de la prensa D. Secundino Delgado fue reducido a prisión en el pueblo de Arafo (…) conducido a la capital y embarcado para España a disposición del Excmo. Sr. Capitán General de Madrid, en cumplimiento de órdenes emanadas del Ministerio de Guerra. Hasta nosotros ha llegado el rumor de que el acto de fuerza empleado con el Sr. Delgado tiene su origen en la propaganda autonomista llevada a cabo por el periódico ¡Vacaguaré! (…). Nos resistimos a creerlo fundador en que no constituye delito esa aspiración política que en varias regiones cuenta con miles de adeptos”[1].
El caso de Secundino Delgado y ¡Vacaguaré! ilustra la complejidad del debate sobre la autonomía canaria, la influencia de la prensa y la reacción de las autoridades ante el auge del regionalismo en las islas a comienzos del siglo XX[1].
