Las Milicias Canarias constituyen una de las instituciones más singulares en la historia del archipiélago, con orígenes que se remontan al siglo XV y una trayectoria que marcó profundamente la identidad insular hasta bien entrado el siglo XX [1]. A diferencia de las milicias nacionales surgidas en la España del siglo XIX, las Milicias Canarias se asemejaban más a las milicias municipales o concejiles de la Castilla bajomedieval, lo que les confería un carácter propio y diferenciado [1].
Según el análisis de Nicolás Reyes González, la supresión de las Milicias Canarias comenzó en 1886 bajo el mando del general Weyler, quien promulgó un nuevo reglamento que integraba a la oficialidad en la escala activa de infantería y, en parte, en el recién creado Ejército Territorial de Canarias [1]. Posteriormente, estos batallones de reserva fueron eliminados en 1903, quedando únicamente una reserva territorial definida por el reglamento del 25 de octubre de 1907, la cual fue declarada en extinción a partir de 1918 [1].
La reivindicación de las Milicias Canarias aparece de manera recurrente en los movimientos autonomistas y regionalistas del archipiélago. Cada vez que se planteaba la autonomía para Canarias, la restauración de las Milicias figuraba entre las demandas más importantes, ya que representaban un rasgo peculiar y exclusivo de la identidad canaria [1]. Esta institución era vista como un símbolo de autogobierno y de defensa local, en contraste con la llegada de la Guardia Civil, que no se estableció en las islas hasta 1899, sustituyendo a la Guardia Provincial [1].
En 1906, el diario tinerfeño El Progreso publicó un artículo sin firma que defendía la necesidad de un regionalismo militar, proponiendo que la tropa fuera exclusivamente canaria y que su función se limitara a la defensa del archipiélago, sin obligación de salir a operaciones exteriores: “…hemos de expresar nuestra tendencia de que la tropa sea exclusivamente canaria, sin obligación de salir del archipiélago a operaciones de campaña ni a ninguna otra función, quedando reducido a defender la patria y bandera española solo en la región en que ha nacido” [1].
La importancia de las Milicias Canarias en la memoria colectiva y en la configuración del regionalismo se refleja en su constante presencia en los debates sobre autonomía y en la reivindicación de instituciones propias como elementos fundamentales de la identidad canaria. Su desaparición fue percibida como una pérdida de autonomía y singularidad, lo que explica su lugar destacado en la memoria histórica del archipiélago [1].
