Ángel Guerra ante la britanización y el separatismo: periodismo canario desde Madrid - Personajes
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José Rafael Betancort Cabrera, conocido por el seudónimo Ángel Guerra, nació en Teguise el 19 de marzo de 1874. Inició sus estudios en su villa natal y se trasladó después a Las Palmas, donde comenzó a colaborar con la prensa. Conoció a Benito Pérez Galdós durante una visita del escritor a Canarias en 1894 y, ya instalado en Madrid desde 1900, entró en contacto con la colonia canaria de la capital por medio de Galdós[1].

Su actividad periodística continuó en el Heraldo de Madrid y otros medios. En 1901, Ricardo Ruiz y Benítez de Lugo fundó Las Canarias, periódico que pretendía trasladar a Madrid los problemas del archipiélago desde una perspectiva próxima a sus clases dominantes. En sus páginas publicó Ángel Guerra, entre junio y agosto de 1902, los cinco artículos de la serie Sobre Canarias. Britanización y separatismo[1].

La serie respondía a las sospechas de «britanización» y separatismo difundidas en parte de la opinión pública peninsular. Betancort rechazó que existiera en Canarias un movimiento separatista con arraigo y defendió de forma enfática la españolidad de las islas. Su posición en 1902 era la de un periodista liberal integrado en las izquierdas monárquicas, todavía sin afiliación partidista, aunque su trayectoria política posterior lo aproximaría a otros sectores[1].

Uno de sus objetivos fue desacreditar la campaña autonomista vinculada a Secundino Delgado. Ángel Guerra presentó aquella propaganda como imprecisa y carente de apoyo social, y atribuyó a Delgado la fundación de ¡Vacaguaré!. El estudio de Nicolás Reyes corrige dos aspectos de este relato: el fundador del periódico fue Manuel Déniz Caraballo, aunque Delgado asumiera su dirección, y la prensa insular no guardó el silencio que Betancort le reprochaba[1].

Sus artículos no se limitaron a una declaración patriótica. Examinaron el peso del capital y del comercio británicos, la dependencia de los mercados exteriores y las dificultades para enviar productos agrícolas a la Península por falta de comunicaciones rápidas. Betancort también defendió dos particularidades que consideraba amenazadas: las antiguas milicias canarias y el régimen de franquicias, al que atribuía buena parte de la prosperidad comercial del archipiélago[1].

La posición de Ángel Guerra no permaneció expresada siempre en los mismos términos. En la encuesta regionalista publicada por El Progreso en 1906 manifestó simpatía por una campaña común y apoyó la búsqueda de una autonomía amplia. Al mismo tiempo, insistió en la unidad del archipiélago y en una españolidad que para él no admitía dudas. Su respuesta permite observar una evolución desde el rechazo de las «fiebres regionalistas» de 1902 hacia una aceptación cautelosa del regionalismo cuatro años después[2].

Más que convertirlo en portavoz de todo el regionalismo canario, sus textos permiten estudiar a un autor situado entre varias lealtades: lanzaroteña, canaria y española. Su interés histórico reside también en sus límites y contradicciones, en la manera en que interpretó desde Madrid el poder económico extranjero, la autonomía y las campañas políticas desarrolladas en las islas.

Fuentes