Benito, el canario al que Madrid se llevó pero nunca se quedó con él del todo - Personajes
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Benito Pérez GaldósLas Palmas de Gran Canarialiteratura canariaMadridsiglo XIX

Si le preguntas a alguien por la calle de dónde es el mayor novelista español después de Cervantes, es raro que te digan Canarias. Dirán Madrid, quizás Castilla, algún paisaje manchego. Pero Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria, el 10 de mayo de 1843, el menor de diez hermanos, en una casa de la calle Cano que hoy es museo[1][2]. Y esa parte de la historia se cuenta bastante menos de lo que debería.

Un niño observador en Las Palmas

Era hijo de un coronel del ejército y de una madre vasca de carácter fuerte — de esas mujeres que, según cuentan, marcaban el rumbo de la casa entera[2][3]. De niño no destacaba especialmente en los estudios, pero sí tenía una memoria enorme y una capacidad de observación que ya apuntaba maneras: se fijaba en todo, y luego lo contaba. A los diecinueve años se fue a Madrid, oficialmente a estudiar Derecho[1]. Terminó estudiando la ciudad entera, sus calles, sus tertulias, su gente — que es, en el fondo, lo que después llenaría sus novelas.

El cronista de Madrid que nunca dejó de mirar al Atlántico

Aquí está lo curioso, y quizás lo más citado sobre él sin que nadie lo diga con esas palabras exactas: Galdós se convirtió en el cronista definitivo del Madrid del siglo XIX, en el retratista de la burguesía castellana, en el nombre que aparece junto al de Cervantes cuando se habla de la gran novela española — y sin embargo pasó su infancia entera mirando el Atlántico, no la Castilla que después inmortalizó.

Lo que no hizo, contra lo que a veces se cuenta, fue olvidarse de la isla. Mantuvo siempre vínculos estrechos con Canarias: familia, amistades, recuerdos[4]. Cuando fundó su propia editorial en Madrid, en 1897, su despacho se convirtió en punto de encuentro para tantos canarios de paso por la capital que la gente empezó a llamarlo, medio en broma medio en serio, “la canariera”[4]. Los que llegaban de las islas sabían que ahí encontrarían a alguien dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos, como si Madrid fuera solo una escala y la verdadera casa siguiera siendo Las Palmas.

El escritor canario que casi nadie reivindica como tal

Con el tiempo llegó a ser, casi sin proponerse el título, el escritor canario más universal de la historia — y probablemente el que menos se reivindica como tal fuera del archipiélago. Se le estudia en los institutos por “Fortunata y Jacinta” o “Doña Perfecta”, por los Episodios Nacionales, por su retrato incansable de la España decimonónica[1]. Rara vez se menciona que todo eso lo escribió alguien que había aprendido a mirar el mundo desde una isla en medio del Atlántico, antes de que nadie le hablara de Madrid.

Quizá no haga falta reivindicar nada. Pero conviene recordarlo, de vez en cuando: el mayor novelista español después de Cervantes empezó siendo, sencillamente, un niño canario que miraba mucho y lejano.

Fuentes