Ranunculus cortusæfolius: una especie endémica de las Islas Canarias según Webb y Berthelot - Naturaleza
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Ranunculus cortusæfoliusflora canariaespecies endémicasbotánicaWebb y Berthelotsiglo XIX

El Ranunculus cortusæfolius es una de las especies vegetales más destacadas de la flora canaria, según la detallada descripción realizada por Webb y Berthelot en su obra “Histoire naturelle des îles Canaries” (1836-1850) [1]. Esta especie fue identificada como característica de las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, donde se encuentra principalmente en zonas rupestres y boscosas de las regiones silvestres [1].

La descripción morfológica proporcionada por los autores es minuciosa: la planta es completamente pilosa, con pelos bulbosos y translúcidos bajo el microscopio. El rizoma es grumoso y las raíces presentan una densa tomentosidad. El tallo puede variar desde un pie hasta cuatro pulgadas de altura, siempre cubierto de pelos patentes [1]. Las hojas radicales son de color verde oscuro, con manchas negras dispersas, de forma orbicular-reniforme y cordadas, con cinco lóbulos de bordes agudos. Las hojas superiores son tripartitas o lanceoladas, casi sésiles y apenas abrazan el tallo [1].

Los pecíolos son pilosos y las vainas de las hojas radicales están dilatadas y ciliadas en la parte superior. Los sépalos son lanceolados y pilosos, mientras que los pétalos son grandes, de color amarillo intenso, brillantes en la parte superior y más pálidos por debajo, con líneas impresas [1]. Los estambres son más largos que los ovarios y el estilo es casi recto o ligeramente curvado. Los frutos forman una espiga cilíndrica de hasta seis pulgadas de largo, con aquenios comprimidos, hispidos y de color marrón [1].

La variedad principal de R. cortusæfolius se encuentra en las zonas rocosas y herbosas de las regiones boscosas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma. Es especialmente abundante en las colinas del oeste de Tenerife, cerca de Buena Vista, El Palmar, Los Silos y en las inmediaciones de La Orotava. Otra variedad, denominada “B”, crece bajo la sombra de los laureles y en lugares húmedos y desarbolados del interior de los bosques, como en la selva de Las Mercedes y otras zonas de Tenerife y Gran Canaria [1].

Según Webb y Berthelot, la especie es endémica de Canarias, aunque mencionan que la variedad “B” ha llegado a Madeira, donde fue recogida por el botánico Lowe en 1828 en Ribeiro Frio [1]. Los autores destacan que la planta canaria es fácilmente distinguible de otras especies europeas, como R. creticus, por sus características morfológicas, especialmente la pilosidad de los tallos y hojas, la forma de los lóbulos y la estructura de los frutos [1].

Webb y Berthelot también señalan que la variedad canaria presenta hojas más grandes y pelos más rígidos, con hojas radicales apenas lobuladas o cordadas y un tallo que puede superar los tres pies de altura. Las flores son de gran tamaño, con pétalos frecuentemente de una pulgada [1]. La espiga de frutos es más corta, densa y ancha, y los aquenios presentan un mucrón curvado. Los autores subrayan que, bajo el microscopio, los pelos de R. cortusæfolius son bulbosos y translúcidos, a diferencia de los de R. creticus, que son opacos y denticulados [1].

En cuanto a la distribución geográfica, Webb y Berthelot afirman que Ranunculus cortusæfolius es una especie propia de Canarias, aunque reconocen la presencia de una variedad en Madeira. No se documenta su presencia en otras regiones fuera del archipiélago y Madeira en la época de la publicación [1].

La obra de Webb y Berthelot proporciona así una referencia fundamental para el estudio de la flora endémica canaria, destacando la singularidad y riqueza botánica de las islas en el contexto del siglo XIX [1].

Fuentes