La flora singular de la isla de Graciosa según Webb y Berthelot (1829) - Naturaleza
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Graciosafloraespecies endémicasbotánicaWebb y Berthelot

La isla de Graciosa, situada al norte de Lanzarote, fue objeto de una detallada exploración botánica por parte de Webb y Berthelot el 5 de junio de 1829. Según su testimonio, la flora de Graciosa se caracteriza por su singularidad y por la presencia de especies que apenas se encuentran en otras islas del archipiélago[1].

En la lista elaborada por los autores, se identificaron 29 especies, entre las que destacan 7 quenopodiáceas, 5 leguminosas, 3 plumbagináceas, 2 policarpaceas, 2 plantagináceas, 1 liliácea, 1 gramínea, 1 euforbiácea, 1 borraginácea, 1 caryophyllácea, 1 compuesta, 1 geraniácea, 1 cistinácea y 1 frankeníacea[1]. Esta composición revela una flora adaptada a condiciones áridas y salinas, con predominio de plantas halófitas y especies de porte bajo o rastrero.

Entre las especies más abundantes y características de Graciosa, Webb y Berthelot mencionan el Atriplex Halimus (variedad de hojas anchas que no se encuentra en otras islas), Salicornia fruticosa, Atriplex glauca, Salsola vermiculata y Suæda fruticosa[1]. Estas plantas forman la mayor parte de la vegetación del islote, adaptándose a la salinidad y la sequedad del suelo. Además, se señala la presencia de Statice pruinosa, especie que Delile había reportado previamente en Egipto, así como Statice puberula, Reseda crystallina, Ononis ocreata y Ononis pendula, todas ellas consideradas raras y localizadas en puntos muy concretos de Lanzarote o Graciosa[1].

La euforbia piscatoria es la única especie de este género común en Graciosa, donde se mezcla con las quenopodiáceas, a diferencia de otras islas donde es más abundante[1]. Según los autores, de las 26 especies principales, entre diez y doce apenas se apartan de esta localidad, mientras que el resto, aunque presentes en otras islas, aparecen en proporciones distintas. La mayoría son especies herbáceas y rastreras, ocultas entre plantas leñosas.

Webb y Berthelot subrayan que la vegetación de Graciosa presenta un aspecto diferente al del resto del archipiélago, ya que las especies dominantes en otras islas están ausentes aquí[1]. Además, la época de recolección, a comienzos del verano, condiciona la observación, ya que muchas especies efímeras desaparecen con el calor. Otro factor relevante es el pastoreo estacional: los habitantes de Lanzarote trasladan sus rebaños a Graciosa en invierno, lo que contribuye a la desaparición de ciertas especies vivaces que podrían resistir la sequía y el calor[1].

En conclusión, la flora de Graciosa, tal como fue documentada en 1829, destaca por su composición restringida y la presencia de especies raras o exclusivas, lo que la convierte en un enclave botánico de especial interés dentro del archipiélago canario[1].

Fuentes