El impacto de los eventos volcánicos y meteorológicos extremos en los bosques de Canarias - Naturaleza
Descargar imagen original
Naturaleza
volcanismobosqueseventos extremosCanariasnaturaleza

La historia forestal de las Islas Canarias está profundamente marcada por la influencia de fenómenos naturales extremos, especialmente los eventos volcánicos y meteorológicos, que han modelado la distribución y composición de sus bosques a lo largo de los siglos[1].

Según Fernando Pardo Navarro, Ángel Velasco Sánchez y Luis Gil Sánchez, la actividad volcánica es una de las singularidades más notables de la naturaleza canaria, siendo el único territorio español con volcanismo activo. En los últimos quinientos años se han registrado dieciséis episodios eruptivos en La Palma, Tenerife y Lanzarote, con especial mención a la erupción de Timanfaya en Lanzarote (1730-1736), que cubrió más de un tercio de la isla y obligó al desplazamiento de parte de su población[1].

El impacto del volcanismo sobre los bosques es evidente en la cantidad de árboles sepultados bajo cenizas y materiales piroclásticos, como se ha documentado en los pinares de Gáldar (Gran Canaria) y en los depósitos de pumitas del sur de Tenerife. Las erupciones explosivas han destruido extensas áreas de vegetación, dejando vaciados de árboles y restos carbonizados que permiten datar estos eventos. Además, la presión selectiva ejercida por estas catástrofes ha favorecido la evolución de especies como el pino canario, que desarrolló la capacidad de rebrotar tras incendios y heridas, un rasgo ausente en otras especies del género[1].

No solo el volcanismo ha sido determinante. Los temporales y lluvias torrenciales han provocado grandes transformaciones en el paisaje forestal. El temporal de 1826 en Tenerife, descrito por Álvarez Rixo, arrastró materiales desde la cumbre hasta la costa, modificando el curso de barrancos y destruyendo fortificaciones y montes, con graves consecuencias para la población y la vegetación[1].

Otro fenómeno de gran impacto son los deslizamientos gravitacionales, como el de El Golfo en El Hierro, que hace unos 20.000 años decapitó la región de cumbres y formó un gran anfiteatro, alterando el relieve, la hidrología y la distribución vegetal de la isla. Los materiales generados por estos deslizamientos, conocidos localmente como “mortalón”, contienen troncos fosilizados de pinos, lauráceas y ericáceas, testigos de la vegetación preexistente[1].

La combinación de estos eventos extremos ha contribuido a la fragmentación y reducción de los bosques originales, pero también ha permitido la selección de especies adaptadas a condiciones adversas. En la actualidad, la mayoría de los bosques canarios están protegidos bajo figuras como la Red Natura 2000, y espacios emblemáticos como Garajonay y la Caldera de Taburiente han sido reconocidos internacionalmente por su valor natural[1].

Fuentes

  • Fernando Pardo Navarro, Ángel Velasco Sánchez, Luis Gil Sánchez — La Transformación Histórica del Paisaje Forestal en Canarias (2007)
    Ver ficha bibliográfica