La expedición árabe de los Maghrourins y su encuentro con las Islas Canarias
Uno de los relatos más antiguos sobre la presencia de poblaciones indígenas en las Islas Canarias proviene de la expedición de los Maghrourins, narrada por el geógrafo árabe Edrisi y recogida en el siglo XIX por Webb y Berthelot en su obra Histoire naturelle des îles Canaries[1]. Este episodio, fechado antes de 1147, describe cómo un grupo de ocho navegantes partió de Lisboa con el objetivo de explorar los límites del Océano Atlántico y descubrir qué tierras se encontraban más allá de las rutas conocidas[1].
Según la traducción literal de Edrisi realizada por Amédée Jaubert, los Maghrourins construyeron un barco, cargaron provisiones para varios meses y navegaron durante once días hasta llegar a una “mar cuyas olas espesas exhalaban un olor fétido, ocultaban numerosos arrecifes y apenas recibían luz”. Temiendo por sus vidas, cambiaron de rumbo hacia el sur y, tras doce días más de viaje, arribaron a la llamada Isla de los Carneros, donde encontraron rebaños de ovejas sin pastor y agua corriente[1].
La carne de estos animales resultó incomestible por su amargor, por lo que solo aprovecharon las pieles. Continuando su viaje, los Maghrourins divisaron una isla habitada y cultivada. Al acercarse, fueron capturados por los habitantes, quienes los llevaron ante un rey local. Los navegantes describen a estos isleños como hombres de alta estatura, piel rojiza y cabello largo, y a las mujeres como de notable belleza[1].
Durante su estancia, los Maghrourins fueron interrogados por un intérprete que hablaba árabe. Relataron su aventura y el rey les explicó que su propio padre había enviado anteriormente una expedición similar, que fracasó al perderse toda referencia visual en el océano. Finalmente, los Maghrourins fueron liberados y devueltos a la costa africana, tras un viaje de tres días con los ojos vendados, donde fueron encontrados por bereberes que les informaron de la gran distancia que los separaba de su patria[1].
El relato de Edrisi, según Webb y Berthelot, constituye una de las primeras descripciones externas de las poblaciones indígenas canarias antes de la conquista europea. El texto destaca la ausencia de embarcaciones entre islas, la diversidad lingüística y la existencia de una sociedad organizada bajo la autoridad de un rey[1]. Además, la descripción física de los habitantes y la mención de productos agrícolas y ganaderos aportan información sobre el modo de vida de los antiguos canarios en el periodo medieval.
