La progresión temporal del volcanismo en las Islas Canarias: edades, etapas y significado geológico - Naturaleza
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La historia volcánica de las Islas Canarias está marcada por una notable progresión temporal de edades y etapas eruptivas, que ha sido objeto de estudio detallado por Carracedo y colaboradores[1]. Según estos autores, el volcanismo subaéreo de Canarias es uno de los mejor datados del mundo, con más de 400 edades K-Ar publicadas, lo que permite analizar con precisión la evolución de cada isla[1].

Un aspecto fundamental es la existencia de dos grupos de islas claramente diferenciados por la antigüedad de su volcanismo emergido y la continuidad de su actividad eruptiva. Por un lado, Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria y La Gomera presentan volcanismo emergido de 12 millones de años (ma) o más, con interrupciones bien marcadas en la actividad volcánica. Por otro, Tenerife, La Palma y El Hierro muestran volcanismo emergido de menos de aproximadamente 7,5 ma y una actividad eruptiva esencialmente continuada[1].

El análisis de las edades radiométricas revela una progresión de oeste a este en el envejecimiento del volcanismo, concordante con el desplazamiento postulado de la placa africana sobre un punto caliente fijo, situando la isla más joven, El Hierro, en la vertical del punto caliente actual[1]. Esta progresión es clave para entender la dinámica geológica del archipiélago y su relación con modelos de formación insular por puntos calientes.

Otro elemento destacado es la presencia de interrupciones prolongadas en la actividad eruptiva, conocidas como “gaps”. Estas pausas, lejos de indicar la muerte volcánica definitiva de una isla, forman parte del ciclo evolutivo típico de las cadenas de islas de punto caliente, como se observa también en Hawái[1]. Permiten distinguir entre la etapa de volcanismo en escudo, responsable de la mayor parte del volumen insular, y la etapa post-erosiva, caracterizada por un volcanismo más reducido tras un largo periodo de inactividad y erosión.

La clasificación temporal y estratigráfica propuesta por Carracedo y colaboradores resulta más precisa que la tradicional división geográfica en islas orientales, centrales y occidentales. Así, La Gomera, aunque inactiva desde hace millones de años, podría estar en una fase de reposo previa a un posible rejuvenecimiento volcánico futuro, mientras que Lanzarote y Fuerteventura, pese a recientes erupciones históricas, se encuentran en una fase terminal de actividad[1].

Esta visión evolutiva, basada en la progresión de edades y la alternancia de etapas eruptivas y de reposo, es esencial para comprender la distribución actual del riesgo volcánico en Canarias y la compleja historia geológica del archipiélago[1].

Fuentes