San Borondón es una de las leyendas más arraigadas en el imaginario colectivo de Canarias, considerada tradicionalmente como la octava isla del archipiélago[1]. Esta isla misteriosa y fantasmagórica, que aparece y desaparece en el horizonte, ha sido conocida también como isla Encubierta, Non Trubada, Encantada, Perdida, Aprositus o Inaccesible en diferentes tradiciones culturales[1].
El origen de la leyenda de San Borondón se encuentra en la figura del monje irlandés San Brandán o Brendán (486-577), quien, según textos medievales como la “Navigatio Sancti Brendani”, viajó por el Atlántico en busca de la Tierra de Promisión o isla del Paraíso, acompañado de catorce monjes[1]. Durante su travesía, Brandán y sus compañeros encontraron numerosas islas, entre ellas la de los carneros, la de los pájaros y la del Infierno, hasta llegar finalmente a la ansiada isla de las Delicias tras cuarenta días de viaje[1].
La historia de San Brandán se inscribe en el género literario celta del imram, o viaje a islas, caracterizado por la mezcla de elementos reales y ficticios, y su influencia se extiende a relatos como el de San Amaro y el viaje de Trezenzonio, ambos relacionados con la búsqueda de islas paradisíacas en el Atlántico[1].
San Borondón aparece en la cartografía medieval desde el siglo XIII hasta el XIX. La primera asociación explícita entre San Brandán y las Islas Canarias se encuentra en el planisferio de Hereford (1290), donde se lee la inscripción en latín: “Las seis Islas Afortunadas son las Islas de San Brandán”[1]. Además, la isla de San Borondón ha sido identificada en diferentes mapas como isla Perdida, Flotante, Fantasma, Ballena y Paraíso, reflejando la riqueza y variedad de interpretaciones que ha generado[1].
La leyenda de San Borondón ha inspirado a numerosos escritores y artistas, tanto canarios como universales, entre los que se encuentran Benito Feijóo, W. Irving, Ch. Kingsley, Vicente Blasco Ibáñez, Jorge Luis Borges, Ignacio Aldecoa, Dulce María Loynaz, Pedro Lezcano y Luis Álvarez Cruz[1]. En la pintura, destaca el mural de Juan Ismael (1935) titulado “Aparición de la isla de San Borondón”, y en la música, el grupo Los Sabandeños dedicó un disco a la isla en 1980[1].
San Borondón representa, dentro del imaginario atlántico grecolatino, un caso singular de isla mítica vinculada a Canarias, que ha perdurado a lo largo de los siglos gracias a su presencia en la literatura, la cartografía y las artes[1].
