El garrote y la vida pastoril: herramienta y defensa en Gran Canaria - Cultura
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La relación entre el garrote y la vida pastoril en Gran Canaria ocupa un lugar central en el análisis de Domínguez Navarro sobre la Lucha del Garrote. Según el autor, el garrote no solo fue un arma, sino también un instrumento indispensable en el día a día de los pastores[1].

El texto destaca que el garrote acompañaba al pastor en todas sus actividades: “En todas las épocas, tanto ayer como hoy, el garrote junto con el perro, ha sido el compañero inseparable del pastor en sus largas y solitarias jornadas. Va con él a todas partes dándole seguridad y confianza. Le ayuda a controlar el ganado y salvar los obstáculos en sus desplazamientos, utilizándolo como herramienta de trabajo”[1].

Además de su función como herramienta, el garrote era utilizado como arma en situaciones de conflicto entre pastores. Las disputas por el control del ganado, la defensa del pasto y la vigilancia constante del rebaño generaban frecuentes enfrentamientos: “También lo utiliza como arma cuando en su duro trabajo e incesante traslado del ganado en busca de pastos frescos tiene que disputar con los otros pastores. Las contínuas peleas, por éste motivo y por los frecuentes robos de ganado, la incesante vigilancia del rebaño, la angustiada búsqueda del animal perdido y la tensa defensa del pasto, ese contínuo ejercicio en un medio y con una alimentación sana, hacen del pastor una persona fuerte y perfectamente preparada para la pelea”[1].

El garrote, por tanto, se convirtió en un elemento esencial en un entorno donde los recursos eran limitados y la vida pastoril exigía habilidades tanto físicas como mentales. El autor subraya que, tras la conquista y la prohibición de las armas tradicionales, el garrote se mantuvo entre los pastores bajo la justificación de ser una herramienta de trabajo: “Una vez conquistada y pacificada la Isla por los castellanos, las armas de los antiguos canarios fueron prohibidas y cayeron en desuso, pero el pastor pudo seguir utilizando el garrote porque lo necesitaba como herramienta de trabajo ¡esa fue la cohartada! Los pastores han sabido mantener las tradiciones aborígenes; su forma de vida y su método de defensa, la Lucha del Garrote”[1].

El contacto constante con el garrote dotaba al pastor de una destreza especial, desarrollada a lo largo de los años y puesta a prueba en enfrentamientos con otros pastores, ya fuera por disputas personales o como demostración de habilidad: “Este estrecho contacto con el garrote dota al hombre de una habilidad en su manejo que va desarrollando con el paso de los años como tiene ocasión de demostrar frente a otros pastores, bien por disputas personales o por simple demostración de poder a través de desafíos o enfrentamientos violentos cuando utiliza como arma, también lo utiliza para demostrar a los demás su ingenio, dando lugar a esporádicas competiciones y exhibiciones de destreza”[1].

Finalmente, Domínguez Navarro indica que la práctica del garrote, aunque relegada en algunos periodos, se mantuvo viva en la memoria y la práctica de los pastores, quienes conservaron esta tradición como parte de su vida cotidiana y su trabajo en el campo[1].

Fuentes