La momificación en Egipto: técnicas, deterioro y conservación según la arqueología - Arqueología
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Arqueología
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La momificación artificial en el antiguo Egipto es un proceso que ha fascinado a la arqueología por su complejidad y variedad de técnicas empleadas para preservar los cuerpos humanos. Según los estudios presentados en Eres (Arqueología), Vol. 1, No. 1, la preservación intencionada de los cuerpos implicaba la extracción de los órganos abdominales, que se conservaban aparte para su posterior inclusión en el cuerpo o en vasijas especiales[1].

Entre las técnicas más destacadas se encuentran la deshidratación mediante sal de natrón, la deshidratación por contacto con materiales secos como hierba o cal, y la aplicación de aceites y resinas. Estas técnicas solían combinarse, lo que dificulta la identificación precisa del método utilizado en cada momia[1].

El deterioro de las momias egipcias es un problema recurrente en los museos y colecciones arqueológicas. Los factores que contribuyen directamente a este deterioro incluyen condiciones ambientales inadecuadas, daños físicos y daños provocados por intentos de conservación poco acertados. El texto subraya que algunos tipos de degradación pueden ser irreversibles, aunque la mayoría pueden evitarse o corregirse en etapas tempranas[1].

En cuanto a la conservación, se describen varios tratamientos, desde el control ambiental básico hasta técnicas más avanzadas como la fumigación con gases y la irradiación. El control ambiental implica mantener la humedad relativa entre el 40 y el 50%, sin superar el 55%, y una temperatura máxima de 15°C. Se mencionan métodos sofisticados como el uso de atmósferas de gases inertes en vitrinas, aunque su alto coste y complejidad limitan su aplicación[1].

La fumigación con gases como el óxido de etileno y el bromuro de metilo se utiliza para eliminar infestaciones de insectos, aunque la eficacia varía según el material tratado. La esterilización húmeda, mediante la aplicación de fungicidas e insecticidas disueltos en alcohol, ha demostrado ser efectiva en algunos casos, como el uso de pentaclorofenol sódico[1].

La irradiación, especialmente con rayos gamma y electrones, se ha empleado en casos emblemáticos como la momia de Ramsés II en Francia, aunque la limitada penetración de los rayos ultravioleta reduce su eficacia en cavidades internas[1].

Por último, la reparación física de las momias, como la utilización de férulas de aluminio y vendajes para miembros rotos, permite intervenciones reversibles y seguras. El texto destaca la importancia de proteger estos restos, ya que constituyen una fuente invaluable de información sobre las costumbres funerarias y las enfermedades de las civilizaciones antiguas[1].

Fuentes

  • Rafael González Antón (director); varios autores — Eres (Arqueología), Vol. 1, No. 1 (1990)
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