La arquitectura funeraria de la Necrópolis de Arteara: túmulos y cistas - Arqueología
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Arqueología
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La Necrópolis de Arteara, situada en el barranco de Fataga en Gran Canaria, constituye el mayor conjunto funerario prehispánico del archipiélago canario, con más de ochocientos enterramientos distribuidos en una superficie de más de 137.000 metros cuadrados[1]. Este espacio destaca por la variedad y complejidad de sus estructuras funerarias, especialmente los túmulos y cistas, que reflejan la adaptación de las antiguas poblaciones canarias al entorno volcánico y pedregoso de la isla[1].

Según Schlueter Caballero, Rosa, los túmulos de Arteara presentan una tipología geométrica sencilla, predominando la forma de tronco de cono. La base rodea completamente el perímetro de la cista, sobre la cual se disponen aros ovoides de piedras que se superponen en varias hileras, reduciendo su diámetro hasta formar la figura característica[1]. La cista, elemento central del enterramiento, se define por la presencia de piedras hincadas verticalmente en el terreno, formando un receptáculo cuasi rectangular, más estrecho por la base que por la cabeza. En algunos casos, los muros de la cista se construyen con hileras horizontales de piedras, a modo de mampostería[1].

El sistema de cobertura de las cistas es uno de los aspectos peor conservados, aunque algunas sepulturas mantienen parte de la cubierta original. Esta estaba compuesta por piedras o bloques toscos e irregulares, dispuestos transversalmente respecto al eje del depósito y apoyados en las paredes laterales de la cista[1]. El fondo de la cista se preparaba de manera rudimentaria, utilizando cascajo o pequeñas piedras que, en ocasiones, obligaban a depositar el cadáver en posiciones adaptadas a las irregularidades del terreno[1].

El inventario realizado por la autora permitió analizar 245 cistas, observando que la mayoría de los túmulos presentan una orientación variable, aunque predomina la tendencia hacia el norte en algunos casos. Los porcentajes de orientación de los ejes direccionales de los túmulos catalogados son: norte/sur 34,8%, noreste/suroeste 25,5%, noroeste/sureste 22,7% y este/oeste 16,9%[1].

En cuanto a la morfología, el 75,6% de los túmulos son troncocónicos, seguidos por formas rectangulares (7,8%), encajadas (4,8%), mixtas (3,5%), cónicas (0,5%), trapezoidales (0,3%), de casquete esférico (4,8%), cilíndricas (2,1%) e irregulares (0,3%). En planta, predominan las formas ovales (61,2%), circulares (12,6%) y mixtas (11,5%)[1].

La dispersión espacial de los túmulos responde a la topografía irregular del terreno, localizándose tres núcleos principales: uno en una cresta central, otro en una vaguada al norte/noreste y el resto disperso en laderas y declives[1]. El estado de conservación es desigual: de los 809 túmulos contabilizados, solo el 74% presenta una tipología clara, y el 26% restante no es observable debido al deterioro[1].

La Necrópolis de Arteara es un testimonio excepcional de la arquitectura funeraria de las antiguas poblaciones canarias, mostrando una notable adaptación al medio y una diversidad tipológica que sigue siendo objeto de estudio arqueológico[1].

Fuentes