El estudio del poblamiento aborigen en la comarca de Arucas ha estado marcado por la recopilación y análisis de fuentes históricas y arqueológicas desde la época de la conquista hasta la actualidad. Las primeras referencias documentadas sobre la presencia indígena en la zona aparecen en crónicas y documentos oficiales del siglo XVI, como los repartimientos y las crónicas de la conquista, donde se menciona la existencia de un poblado llamado Arehucas y episodios como la Batalla de Arucas y la muerte del caudillo Doramas[1].
Durante el proceso de conquista y colonización, los religiosos desempeñaron un papel fundamental en la recogida de información etnográfica sobre los indígenas, ya que su labor de evangelización les permitió un contacto directo con la población local. Sin embargo, la interpretación de estos datos estuvo condicionada por la visión eurocentrista de los narradores y la necesidad de adaptar la nueva realidad a la tradición cultural europea, recurriendo incluso al Génesis bíblico para explicar el origen de los antiguos canarios[1].
Autores como Fray Abreu Galindo y Leonardo Torriani iniciaron el género de las “Historias Generales”, donde se recogen episodios clave para la historia de Arucas, como la captura de la princesa Tenesoya y la presentación de los embajadores canarios ante Diego de Herrera. Además, se documentan hallazgos arqueológicos tempranos, como sepulturas, vasijas y otros objetos encontrados durante labores agrícolas o de construcción, que dan cuenta de la riqueza material de la zona en época prehispánica[1].
En los siglos XVII y XVIII, la preocupación por la identidad y el pasado indígena se intensificó, reflejándose en obras como la de Fray José de Sosa y Tomás Arias Marín de Cubas, quienes recopilaron datos sobre antigüedades y yacimientos de la comarca. José Viera y Clavijo, figura destacada de la Ilustración canaria, analizó críticamente las fuentes y defendió la pertenencia de los aborígenes a la antigua estirpe atlante, aunque sin aportar información arqueológica directa sobre Arucas[1].
El siglo XIX supuso un cambio significativo con la creación de El Museo Canario y la llegada de investigadores extranjeros como Sabino Berthelot y René Verneau, quienes introdujeron métodos arqueológicos y antropológicos más sistemáticos. Berthelot, por ejemplo, documentó el hallazgo de material cerámico en Arucas durante la construcción de un pozo, mientras que Verneau realizó excavaciones y estudios bioantropológicos que relacionaban a los antiguos habitantes de las islas con el hombre de Cro-Magnon[1].
A lo largo del siglo XX, la investigación arqueológica en Arucas continuó con la labor de cronistas locales y la institucionalización de la arqueología, destacando la publicación de inventarios y cartas arqueológicas que identificaron yacimientos como la Hoya de San Juan y la Montaña de Arucas. Estos trabajos han permitido reconstruir, a partir de fuentes históricas y materiales, la compleja historia del poblamiento aborigen en la comarca, sentando las bases para investigaciones más recientes como las desarrolladas en el yacimiento de La Cerera[1].
