El Hierro es la isla más joven y la más occidental del archipiélago canario. Emergió del océano hace aproximadamente 1,2 millones de años, cuando el resto de las islas ya llevaba mucho tiempo construido, y esa juventud geológica se percibe en todo su paisaje: laderas pronunciadas, malpaíses apenas retocados por la erosión y una costa dominada por acantilados y pequeñas calas. Con una superficie de unos 269 kilómetros cuadrados, es la más pequeña de las siete islas mayores y culmina a 1.501 metros en el Pico de Malpaso. Su densidad volcánica es extraordinaria: se han contabilizado unos 200 conos bien conservados, casi uno por kilómetro cuadrado, aunque en tierra firme solo se reconoce un volcán histórico, el de Lomo Negro, en el extremo occidental.

Los estudios geológicos de las Canarias occidentales, como los de Juan Carlos Carracedo y sus colaboradores sobre La Palma y El Hierro, describen la isla como un ejemplo modélico de crecimiento mediante rifts o dorsales volcánicas. El Hierro funciona en su totalidad como una dorsal alargada «a modo de tejado a dos aguas», con tres ejes estructurales que le dan su inconfundible silueta de estrella de tres puntas, un caso singular entre los edificios y morfologías volcánicas de Canarias. El edificio insular creció con gran rapidez y en poco tiempo se elevó hasta alcanzar los 2.000 metros de altitud, pero su estructura, formada por lavas de poco espesor y piroclastos, resultó poco sólida: el relieve se volvió inestable y sufrió tres grandes deslizamientos gravitacionales, uno por cada flanco.

El más reciente y espectacular de esos colapsos es el que originó El Golfo, ocurrido hace entre 20.000 y 15.000 años. Aquel gigantesco deslizamiento en masa decapitó la región de cumbres y dio lugar a una bahía circundada por un escarpado anfiteatro de 25 kilómetros de perímetro y 5 de anchura; bajo el mar dejó, a modo de zarpazo, un valle de 16 kilómetros de longitud que desciende hasta la cota de -2.000 metros, con el material deslizado adosado al talud submarino. El mar llegó a adentrarse hasta las actuales poblaciones de Tigaday y Los Llanillos, donde algunos pozos permiten ver antiguas playas fosilizadas por erupciones posteriores. Las coladas rellenaron después parcialmente la depresión y crearon el llano fértil que hoy se extiende al pie de los grandes acantilados del arco del Golfo.

La vocación volcánica sigue viva. En 2011 un intenso enjambre sísmico alertó a la población y a las autoridades, y en octubre de ese año comenzó una erupción submarina frente a La Restinga, en el mar de Las Calmas, que se prolongó hasta 2012. Al producirse bajo el mar, cerca de la costa sur, los daños a las infraestructuras fueron mínimos, aunque el episodio afectó de forma notable a la pesca y al turismo locales. El edificio volcánico submarino formado en aquella erupción recibe el nombre de Tagoro y sus fondos se han convertido en un destino de referencia internacional para el buceo científico. El episodio, estudiado por Carracedo y otros investigadores, aportó lecciones nuevas sobre el crecimiento de las islas oceánicas y sobre la gestión de las crisis volcánicas.

El agua y la vegetación dibujan la otra cara de la geografía herreña. Las cumbres, que superan ampliamente los 900 metros necesarios para interceptar los vientos alisios, capturan la humedad del mar de nubes; pero la isla está afectada por numerosas fracturas y fallas por las que el agua de lluvia se filtra hasta el nivel del mar, de modo que no existen acuíferos importantes en cotas altas y las galerías deben excavarse junto a la costa. En ese contexto adquirió fama universal el Garoé o Árbol Santo de San Andrés, cuyas hojas condensaban la niebla —la llamada lluvia horizontal— y abastecían de agua a los antiguos habitantes; hoy un centro de interpretación explica el fenómeno. La juventud volcánica de la isla justifica, además, la abundancia de sus pinares.

La cubierta vegetal se completa con dos paisajes emblemáticos: El Sabinar de La Dehesa, un bosque de sabinas centenarias retorcidas por la fuerza del viento, y los bosques húmedos de laurisilva y monteverde de La Llanía, el parque rural de Frontera y la reserva de Mencáfete, además del risco de Tibataje, refugio del amenazado lagarto gigante de El Hierro. En el extremo suroccidental, la Punta de Orchilla —que ya aparecía en los mapas de tradición griega y sirvió de referencia a la navegación francesa— fue considerada durante siglos el meridiano cero, el límite occidental del mundo conocido; su faro conserva esa memoria y da a El Hierro el sobrenombre de Isla del Meridiano.

La geografía humana se organiza en tres municipios. Valverde, la capital, se sitúa en las medianías del norte, lejos de la costa, aunque su término incluye el Puerto de La Estaca, que conecta la isla con Tenerife. Frontera abarca el arco de El Golfo, con los viñedos plantados sobre jable volcánico en La Dehesa y el santuario de la Virgen de los Reyes. El Pinar de El Hierro combina los pinares de las medianías con el litoral volcánico del sur, donde La Restinga, el pueblo más meridional, concentra los centros de buceo. Piscinas naturales como el Charco Azul o La Maceta jalonan la costa, y desde el mirador de La Peña, diseñado por César Manrique, se contempla el valle de El Golfo. La UNESCO declaró la isla Reserva de la Biosfera en 2000 y Geoparque en 2014.

Claves de esta sección

La isla más joven del archipiélago

El Hierro emergió hace unos 1,2 millones de años; en sus 269 km² culmina el Pico de Malpaso (1.501 m) y se cuentan unos 200 conos volcánicos, casi uno por kilómetro cuadrado.

Una dorsal de tres brazos

La isla entera es una dorsal volcánica «a modo de tejado a dos aguas» con tres ejes estructurales; creció hasta unos 2.000 metros y sufrió tres grandes deslizamientos, uno por flanco.

El Golfo, un megadeslizamiento

Hace entre 20.000 y 15.000 años un colapso gigantesco decapitó las cumbres y creó el anfiteatro de El Golfo, de 25 km de perímetro, con un valle submarino de 16 km que baja hasta -2.000 m.

Tagoro y el mar de Las Calmas

La erupción submarina de 2011-2012 frente a La Restinga, precedida por un enjambre sísmico, formó el edificio volcánico Tagoro, hoy referencia internacional del buceo científico.

Sabinar, pinar y lluvia horizontal

Las sabinas retorcidas de La Dehesa, los pinares favorecidos por la juventud volcánica y el Garoé, que condensaba la niebla para abastecer de agua a los antiguos habitantes, definen sus paisajes.

Meridiano cero y doble reconocimiento UNESCO

La Punta de Orchilla fue el meridiano cero histórico y límite del mundo conocido; la UNESCO declaró la isla Reserva de la Biosfera en 2000 y Geoparque en 2014.

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Fuentes