La zonación altitudinal de la vegetación en Canarias: el modelo de Humboldt y su evolución
La llegada de Alexander von Humboldt a Tenerife en 1799 marcó un hito en la interpretación científica de la vegetación canaria. Humboldt, tras su breve estancia en la isla, propuso un modelo de zonación altitudinal que describía cinco pisos de vegetación escalonados según la altitud y las condiciones ecológicas[1]. Esta zonación, publicada en francés en 1816, identificaba los siguientes pisos: 1º, la región de las formas africanas (0-200 toesas); 2º, la región de las parras y cereales (200-430 toesas); 3º, la región de los laureles (430-680 toesas); 4º, la región del pino canario (680-980 toesas); y 5º, la región de las retamas (980-1730 toesas)[1].
El esquema de Humboldt se basaba en la observación de una vegetación que él consideró poco intervenida por el ser humano, lo que llevó a una visión estática y simplificada de la distribución de las formaciones vegetales[1]. Esta perspectiva fue ampliamente aceptada por la comunidad científica y se convirtió en un dogma durante décadas, influyendo en la interpretación de los bosques canarios y en la gestión forestal posterior[1].
Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que la realidad ecológica e histórica de la vegetación canaria es mucho más compleja y dinámica. Por ejemplo, la distribución de los pinares no está estrictamente limitada a un piso altitudinal concreto, como sugería Humboldt. Investigaciones de Ceballos y Ortuño (1951) ampliaron los límites altitudinales de los pinares, situándolos entre los 700-900 metros en las laderas meridionales y entre los 1.300 y 1.500 metros en la fachada de barlovento[1]. Además, en ausencia de intervención humana y ganadera, los pinares podrían llegar hasta la cercanía del mar, como lo demuestra el pinar relicto de Arguineguín en Gran Canaria[1].
La visión tradicional, que asimilaba la vegetación a las formaciones actuales, no tenía en cuenta los procesos históricos de uso y transformación del paisaje. La presión ganadera, los incendios provocados y la explotación forestal han modificado significativamente la composición y distribución de los bosques canarios desde la época aborigen hasta la actualidad[1]. Así, formaciones como el fayal-brezal, consideradas naturales y con entidad propia, son en muchos casos resultado de la presión selectiva sobre los montes y la sobreexplotación de las especies más útiles[1].
La zonación de Humboldt sigue siendo una referencia fundamental para entender la vegetación de Canarias, pero debe ser interpretada a la luz de los conocimientos actuales sobre la dinámica ecológica y la historia de la intervención humana en el archipiélago. El paisaje forestal canario es el resultado de una interacción continua entre factores naturales y actividades humanas, lo que exige una visión integradora y flexible para su estudio y conservación[1].
