Introducción
El estudio de la flora de las Islas Canarias realizado por Webb y Berthelot en el siglo XIX ofrece una visión detallada sobre la diversidad de los musgos (briófitos) presentes en el archipiélago. Según los autores, su objetivo era proporcionar un panorama histórico de los descubrimientos criptogámicos en las islas y establecer relaciones entre la vegetación primitiva canaria y la de los continentes vecinos[1].
Riqueza y distribución de los musgos canarios
Webb y Berthelot documentaron 76 especies de musgos en las Islas Canarias, de las cuales solo tres eran nuevas para la ciencia en su época. Esta cifra, según los autores, superaba las expectativas basadas en la creencia de que la proporción de plantas acotiledóneas disminuía al acercarse al ecuador, una idea que ellos mismos cuestionan[1].
La distribución de estas especies no era homogénea entre las islas. Ocho especies se encontraron en todas las islas, 37 en Gran Canaria, 26 en Tenerife, tres en La Gomera y dos en El Hierro. Es relevante que, según Webb y Berthelot, todas las especies nuevas eran originarias de Tenerife, específicamente de la selva de Agua-García, salvo el Glyphocarpus Webbiü, hallado en la cima del valle de La Orotava[1].
Preferencias ecológicas y hábitats
Los autores detallan los hábitats preferidos por los musgos canarios: 24 especies se encontraron sobre troncos o al pie de árboles, 29 en el suelo, dos en muros, cuatro en marismas turbosas, siete en rocas o sus grietas, seis en lugares sombríos y húmedos, y tres en los bosques más densos[1].
Afinidades geográficas
Según Webb y Berthelot, la flora de musgos de Canarias muestra una marcada analogía con la del sur y oeste de Europa, especialmente con las principales islas mediterráneas como Córcega y Cerdeña. También existen relaciones con la flora del norte y oeste de África, así como con las costas de Portugal, Francia e Inglaterra. Sin embargo, la mayoría de las especies forman parte de la flora europea, sobre todo de regiones mediterráneas[1].
Clasificación y proporciones
En cuanto a la clasificación, los musgos canarios se distribuyen en doce tribus, siendo las Hypneæ la más numerosa con 30 especies. Los acrocarpos superan ampliamente a los pleurocarpos, en una proporción de 13 a 5, lo que coincide con lo observado en otras floras europeas[1]. Entre los pleurocarpos, predominan los Hypnes. Además, de las 76 especies, 38 son diploperistomadas, 32 haploperistomadas y tres aperistomadas.
Consideraciones finales de los autores
Webb y Berthelot subrayan que, aunque el número de especies recogidas era elevado para la época, consideraban que un criptogamista experimentado podría duplicar o triplicar fácilmente la cifra con una estancia prolongada en las islas, dada la variedad de hábitats y la riqueza de sus bosques[1].
