El lenguaje coloquial canario en las crónicas de Alonso Quesada
El estudio del lenguaje coloquial en la literatura canaria encuentra en las crónicas de Alonso Quesada (seudónimo de Rafael Romero) un material de gran riqueza y valor documental. Estas crónicas, publicadas en la prensa de Las Palmas de Gran Canaria a principios del siglo XX, permiten observar cómo el habla cotidiana de la sociedad insular se refleja y se preserva en la escritura literaria[1].
La autora Yolanda Arencibia señala que uno de los caminos más eficaces para llegar a conclusiones válidas sobre el habla canaria es la observación de textos característicos de los creadores literarios, especialmente aquellos atados a un momento y destinatario concretos, como ocurre con las crónicas de Quesada[1]. En estas piezas, el lenguaje coloquial se convierte en objeto de análisis y en modelo de representación de la sociedad isleña.
El lenguaje coloquial, definido como aquel que brota natural y espontáneamente en la conversación diaria, es considerado el registro más rico y expresivo de una lengua. En las crónicas de Quesada, este registro se manifiesta mediante diálogos rápidos, frases cortas, expresividad léxica y licencias sintácticas propias del habla cotidiana[1].
Un grupo destacado de estas crónicas lleva el título “Cómo se habla en Canarias”, donde se transcriben conversaciones banales e insulsas, en su mayoría femeninas, que constituyen un documento sobre el léxico, el coloquio y la mentalidad de la clase media urbana de la época[1]. Temas como el noviazgo, el servicio doméstico, los entretenimientos y las curiosidades sociales son abordados con una teatralidad que revela tanto la individualidad como la colectividad del habla canaria.
Quesada utiliza recursos como la repetición, el diminutivo, la entonación marcada por pausas y signos de puntuación, y la imitación de expresiones características. Ejemplos como “Niña, no me relajes”, “Déjense ver” o “¡Por cuánto!” ilustran la presencia de modismos y frases hechas que aún hoy resultan familiares en el habla insular[1].
Además, Quesada dedica varias crónicas a analizar expresiones lingüísticas concretas, utilizando el modismo como pretexto argumental. Así, títulos como “¿Ya vino?” o “¡Yo que se lo digo a usted!” sirven para explorar tanto el significado como la función social de estas fórmulas en la comunicación cotidiana[1].
La función del diminutivo en el habla insular es objeto de reflexión en textos donde se observa su uso afectivo y atenuador: “Facturilla, ha dicho. Aquí llaman a todas las cosas así… ¡Oh el dulce, el plácido y donoso diminutivo”[1].
La autora concluye que el coloquio escrito de Quesada logra dibujar un fresco espontáneo del habla canaria de su tiempo, fiel a la autenticidad de la clase media urbana y alejado tanto de la erudición como del vulgarismo fácil[1]. Este corpus resulta especialmente útil para la observación y el análisis del habla canaria más genuina, permitiendo comprender mejor la identidad lingüística de las islas.
