La escolarización en Lanzarote en el siglo XIX: desarrollo, retos y cifras
El proceso de escolarización en Lanzarote durante el siglo XIX estuvo marcado por una evolución lenta y por numerosos obstáculos administrativos, económicos y sociales. La educación primaria, entendida como pública, gratuita y obligatoria, fue el resultado de un largo proceso histórico y no surgió de manera espontánea, sino como fruto de luchas y contradicciones dentro de la sociedad canaria[1].
En 1834 existían en Canarias 33 escuelas públicas (27 de niños y 6 de niñas), de las cuales solo 7 estaban servidas por maestros con título. Para 1840, el número de escuelas públicas aumentó a 53 (37 de niños y 16 de niñas), aunque apenas 10 maestros poseían título. La asistencia escolar era muy baja: de una población total de 240.629 habitantes, solo asistía a la escuela el 0,7%, es decir, uno de cada 144 habitantes[1].
La Ley Moyano de 1857 supuso un impulso para la creación de nuevas escuelas, pero la financiación y administración de las mismas recaía en los ayuntamientos, lo que generó desigualdades y retrasos. En 1860 había 128 escuelas públicas en Canarias (93 de niños y 35 de niñas), con una asistencia escolar de 7.308 alumnos de ambos sexos, atendidos por 168 maestros y maestras. Sin embargo, la proporción de niñas era mucho menor: una niña por cada 112 niños[1].
En Lanzarote, la primera instalación oficial de escuelas públicas en Arrecife se produjo en 1849, aunque ya existían escuelas privadas y algunas iniciativas particulares. La preocupación por la educación aparece reflejada en la prensa local, como en el periódico Crónica de Lanzarote (1861-1863) y, más tarde, en El Horizonte (1887-1889), que denunciaba que “las cuartas quintas partes de la población de Lanzarote no saben ni leer ni escribir” y defendía la necesidad de propagar la instrucción pública[1].
La asistencia escolar fue siempre irregular y escasa. En Arrecife, por ejemplo, en 1887 el número de alumnos en la escuela pública de niños era de 30-40, mientras que las escuelas privadas acogían a más de 70 niños. La matrícula de la escuela pública de niñas alcanzó los 110 en ese año, con una asistencia ordinaria de 80-90 alumnas[1].
El papel de los maestros fue fundamental, pero su situación laboral era precaria. Los sueldos eran bajos y frecuentemente se retrasaban, llegando algunos ayuntamientos a acumular deudas de hasta 27 mensualidades. La Ley de 1857 fijaba el sueldo anual en 825 pesetas para poblaciones como Arrecife, pero los maestros interinos cobraban la mitad, y las retribuciones variables dependían del número de alumnos que pudieran pagar[1].
La creación y mantenimiento de escuelas dependía de la iniciativa municipal, pero la falta de recursos y la influencia del caciquismo agrario dificultaron la expansión de la instrucción primaria. A finales del siglo XIX, el índice de analfabetismo en Lanzarote era del 80,05%, muy por encima de la media estatal del 56%[1].
En conclusión, la escolarización en Lanzarote durante el siglo XIX avanzó lentamente, condicionada por factores económicos, sociales y administrativos, y solo a partir de 1867 se puede hablar de una organización más sistemática de la enseñanza en toda la isla con la creación de las Juntas Locales y la provisión de escuelas vacantes[1].
