El léxico de la lucha canaria, según el estudio de Pedro M. Padilla Quintana, constituye un reflejo de la riqueza cultural y lingüística de este deporte autóctono en Gran Canaria. Uno de los aspectos más destacados es la nomenclatura de las técnicas, donde se observa una notable variedad de términos, localismos y sinonimias que han evolucionado a lo largo del tiempo[1].
Padilla Quintana señala que muchas técnicas de lucha canaria han recibido nombres específicos en función de la zona o incluso del luchador que las popularizó. Por ejemplo, existen denominaciones restringidas a ámbitos locales, como la “lucha del chófer” en Gáldar o la “bobona” en Agüimes, que no se han generalizado en toda la isla[1]. En contraste, otras técnicas como la “lucha de los niños” o la “palmada por fuera” han adquirido un carácter más general y son reconocidas en la mayoría de los terreros de Gran Canaria[1].
El autor observa que muchas técnicas no catalogadas desaparecen cuando el luchador que las ejecutaba se retira, llevando consigo la terminología asociada. Así ha ocurrido con técnicas como el “cuatro”, el “platillo” o la “romana”, cuyos nombres han caído en desuso tras la retirada de quienes las dominaban[1]. Además, algunas técnicas que se siguen practicando actualmente no tienen un nombre específico y pertenecen a ese grupo de luchas no catalogadas[1].
Padilla Quintana también destaca la existencia de sinonimias, es decir, diferentes nombres para una misma técnica, dependiendo de la zona o del entorno del luchador. Ejemplos de esto son términos como “canga”, “chascón”, “canguillo”, “ganchillo”, “garabato”, “patadilla”, “traspié”, “zancadilla”, “agachadilla” y “viradilla”, que pueden referirse a movimientos similares o idénticos según el contexto[1].
El estudio subraya que la estabilidad de los vocablos en la lucha canaria depende en gran medida de la vigencia y popularidad de las técnicas. Algunas mañas adquieren relevancia temporal gracias a luchadores que las ejecutan con exclusividad, pero cuando estos se retiran, los nombres tienden a desaparecer[1]. Ejemplos mencionados por el autor incluyen la “lucha de Borito”, la “romana” y el “sacón de ombligo”, todas asociadas a luchadores concretos[1].
En conclusión, según Padilla Quintana, la nomenclatura de las técnicas en la lucha canaria es un campo dinámico y vivo, donde los localismos y las sinonimias reflejan tanto la diversidad cultural de Gran Canaria como la evolución de este deporte tradicional[1].
