La cueva de La Enladrillada: metodología y hallazgos de una excavación clave en Tegueste - Arqueología
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La cueva de La Enladrillada: metodología y hallazgos de una excavación clave en Tegueste

La cueva de La Enladrillada, situada en el municipio de Tegueste (Tenerife), representa uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes para el estudio del poblamiento aborigen de la isla. Excavada en 1969 por Diego Cuscoy, esta cueva sepulcral se localiza en el tracto superior del Risco Atravesado, a 600 metros sobre el nivel del mar, y presenta una superficie interior de 24 m²[1].

Antes de su excavación, la cueva tenía una entrada de 4,5 metros de ancho y 0,25 metros de altura, pero los trabajos arqueológicos revelaron que originalmente la boca medía 6 metros de ancho por 1,75 metros de altura, cerrada por un muro de hasta 1,50 metros conservado in situ[1].

El ajuar funerario recuperado fue relativamente escaso, salvo por la presencia de numerosos collares de barro cocido. En la cámara B se hallaron 30 cuentas de collar y en la cámara A, 28, junto a 202 fragmentos cerámicos, lo que sugiere un número reducido de enterramientos, probablemente a partir de un mínimo de dos, como indican los dos collares y restos de chajascos de madera[1].

Uno de los aspectos más destacados de la excavación de La Enladrillada fue la aplicación de nuevas metodologías analíticas, en línea con la mejora metodológica de la arqueología española a inicios de los años setenta. Por primera vez en Tenerife, se documentó una secuencia estratigráfica detallada en una cueva funeraria, gracias a la prolongación de la excavación durante siete meses y a la elaboración de plantas y perfiles precisos para delimitar cada espacio funerario[1].

El estudio incluyó análisis independientes de los restos humanos y materiales. Se realizó un análisis por carbono 14 de los enterramientos del nivel 3, identificando el grupo sanguíneo A, así como análisis sedimentológicos que destacaron la elevada proporción de fósforo y carbonato cálcico por la descomposición de los huesos. Además, se analizaron macroscópicamente las cuentas de collar y fragmentos cerámicos, determinando una temperatura de cocción entre 600 y 900 ºC[1].

La excavación permitió identificar hasta 25 posibles enterramientos, aunque el estado de conservación de los restos humanos era deficiente. Se documentaron diferentes niveles estratigráficos: en el nivel 1, de 0,25 m de profundidad, se delimitaron 10 posibles espacios sepulcrales, de los cuales seis conservaban restos antropológicos. En los niveles 2 y 3 se identificaron varios osarios y cráneos, aunque la mayoría de los huesos estaban fragmentados o casi destruidos[1].

El ajuar incluía, además de las cuentas de collar, siete punzones de hueso, lascas y esquirlas de obsidiana y fragmentos cerámicos, de los cuales se reconstruyeron cuatro vasos recipientes[1].

Según los autores, la cueva de La Enladrillada fue clave para ampliar el conocimiento sobre la presencia de cerámica decorada en Tenerife, permitiendo asociar este tipo de cerámica a un “neolítico de tradición capsiense” y a la llegada de una minoría mediterranoide a la isla entre el tercer y segundo milenio a.C., aunque la cueva no era la más apropiada para establecer una secuencia completa debido a su expolio[1].

En conclusión, la excavación de la cueva de La Enladrillada marcó un hito en la arqueología de Tenerife por su enfoque metodológico y la integración de análisis multidisciplinares, aportando datos fundamentales sobre los rituales funerarios y la cultura material de los antiguos habitantes de Tegueste[1].

Fuentes