
En la Corografía (III, 102), Pomponio Mela sitúa las Fortunatae frente a la costa africana y describe una tierra de frutos abundantes cuyos habitantes vivirían sin preocupaciones. Añade la leyenda de dos fuentes: una provocaría una risa mortal y la otra serviría de remedio. Blázquez sitúa este testimonio a mediados del siglo I d.C. García García relaciona tentativamente la fábula con una fuente púnica a la que también pudo acceder Juba II. Se trata de una descripción geográfica que incorpora elementos fabulosos, no del relato de una nueva expedición ni de una comprobación de esas propiedades del agua.