Las fuentes históricas que recogen las creencias de los guanches de Tenerife señalan la existencia de un ser maligno llamado Guayota, vinculado a las entrañas ígneas del Teide, considerado su infierno. Espinosa, uno de los primeros cronistas, afirma que al demonio lo llamaban Guayota y que su pena se situaba en la tierra, en los lugares de volcanes, fuego y azufre, en particular en el monte Teide.[1]

El Teide como infierno

Los antiguos habitantes de Tenerife conocían el volcán como Echeyde, término que los cronistas identificaron con el infierno. La imagen de un monte que vomitaba fuego contribuyó a configurar una cosmología en la que el paisaje volcánico tenía sentido religioso y moral.[1]

Un demonio localizado

A diferencia de otras tradiciones, Guayota no es una figura abstracta: habita un lugar concreto del territorio. Esta localización del mal en el volcán permite leer el paisaje tinerfeño como un texto simbólico en el que la geología y la religiosidad se entrelazan.[1]

Fuentes utilizadas