El Drago: Botánica, Usos y Significado en Canarias
El Drago (Dracaena draco) es una de las especies vegetales más emblemáticas de Canarias y símbolo botánico de Tenerife[1]. Esta planta, reconocible por su porte arbóreo y su savia rojiza, ha sido objeto de mitos, usos tradicionales y estudios botánicos a lo largo de la historia insular.
Mitos y referencias históricas
Antiguamente se pensaba que en el Jardín de las Hespérides vivía un dragón que guardaba unas manzanas de oro. Se creía que estaba en Canarias y que la sangre de Drago era la de ese dragón[1]. Existen noticias de que fenicios, cartagineses y romanos visitaban las islas para comerciar con los aborígenes, probablemente con derivados del atún, pero también con orchilla o con sangre de Drago[1].
Usos aborígenes y tradicionales
Los guanches de Tenerife llegaron a utilizar el Drago para fabricar escudos, para teñir de rojo su pelo y, más tarde, tras la conquista, se conoce su uso en la fabricación de colmenas, huroneras, etc[1]. Además, la savia del Drago, conocida como “sangre de Drago”, era empleada como medicina interna para curar encías, disentería y hemorragias estomacales, y externamente para úlceras y secado de cicatrices[1]. Su fruto es comestible[1].
Distribución y ejemplares notables
En la Orotava hubo hasta el siglo XIX un Drago inmenso; hoy día es también muy famoso el de Icod. En otras islas, destacan el de Pino Santo en Gran Canaria o el de Tetir en Fuerteventura[1]. El Drago, que pudo ser común a todas las islas, es el símbolo botánico de Tenerife, isla donde tiene muy buena representación en estado natural, principalmente en zonas húmedas. En el suroeste grancanario está mejor adaptada a la sequía[1].
Aspectos botánicos
El Drago es una planta longeva, de crecimiento lento, que puede alcanzar varios metros de altura. Su aspecto recuerda a un dragón, lo que ha alimentado su relación con la mitología[1]. Por su simplicidad de líneas, es una especie fácilmente reconocible incluso para los más jóvenes.
Actividades educativas y conservación
El libro recomienda visitar zonas que tengan Dragos en estado natural o cuya toponimia se asocie a ellos, así como cultivar la planta desde semillero hasta el momento de su repoblación[1]. Se sugiere investigar a qué edad se ramifican los ejemplares de jardines, cuantificar los frutos y comprobar su comestibilidad[1]. También se invita a realizar mapas de distribución y a inventariar los jardines que lo acogen, analizando su relación con construcciones cercanas y el impacto de sus raíces[1].
Bibliografía recomendada
El texto incluye una amplia bibliografía específica sobre el Drago, destacando obras de Bramwell, Kunkel, Oliva, Viera y otros autores, así como guías de flora y fauna de Canarias[1].
