El papel del clero en la educación y el control cultural de Canarias según Millares Torres - Personajes
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En la obra de Agustín Millares Torres, se destaca el papel central que desempeñó el clero en la vida intelectual y social de Canarias durante los siglos XVII y XVIII. Según el autor, el estado eclesiástico proporcionó a las islas algunos de sus nombres más ilustres, contribuyendo significativamente al progreso cultural del archipiélago, a pesar de su relativo atraso intelectual en comparación con otras regiones[1].

Millares Torres señala que la preeminencia del clero en la sociedad canaria se debía a que controlaba no solo la instrucción pública, sino también las riquezas, el poder y la influencia moral y material de todos los elementos sociales del país. El clero dirigía e inspeccionaba las escuelas primarias, nombraba y recusaba a los maestros y directores, y tenía clases de literatura, filosofía y ciencias morales y teológicas en casi todos los principales conventos[1].

Además, el clero gozaba del importante privilegio de censurar todas las obras destinadas a la publicidad, pudiendo impedir su impresión si contenían ideas contrarias al dogma o que menoscabaran su influencia en el gobierno y dirección de las almas. Esta censura se ejercía con especial rigor en los puertos habilitados de las islas, donde un eclesiástico tenía la comisión especial de vigilar la introducción de libros prohibidos[1].

El autor cita un ejemplo de 1829, cuando el tristemente célebre Calomarde ordenó al obispo de Tenerife recoger ejemplares de una obra considerada ofensiva para la religión y las buenas costumbres, y pidió la colaboración de las autoridades civiles para auxiliar a la jurisdicción eclesiástica en esta tarea[1].

Millares Torres explica que, debido a este monopolio del pensamiento y de la educación, muchos jóvenes ambiciosos y talentosos buscaban refugio en los conventos, considerados verdaderos asilos de las letras y el único camino seguro para los honores, los empleos y el saber en la sociedad canaria de la época[1].

El control del clero sobre la vida intelectual se extendía también a la censura de obras extranjeras, impidiendo la adquisición de libros importantes publicados fuera de España, especialmente en países no sujetos a la fiscalización eclesiástica. Así, la Inquisición mantenía un férreo control sobre el pensamiento y la cultura en Canarias, limitando el acceso a nuevas ideas y corrientes intelectuales[1].

Esta situación, según Millares Torres, explica por qué el clero contaba con un mayor número de celebridades entre las clases isleñas, ya que poseía los medios y la autoridad para formar y promover a los individuos más destacados en el ámbito cultural y religioso de las islas[1].

Fuentes