El 1 de septiembre de 1730, entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza, dando comienzo a una de las erupciones más largas documentadas en la historia de Canarias. La erupción se prolongó hasta el 16 de abril de 1736 —cinco años, siete meses y dieciséis días— y cubrió con lavas y cenizas unos 200 km² del oeste de Lanzarote. La destrucción de tierras de cultivo, pastos y sistemas de captación de agua provocó un gran éxodo y dejó la isla casi despoblada durante varios años; numerosas cabezas de ganado murieron de hambre o por la inhalación de gases tóxicos. El testimonio del cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, constituye una de las crónicas eruptivas más detalladas del siglo XVIII.
Comienza la gran erupción de Timanfaya en Lanzarote, que duraría más de cinco años.
1 de septiembre de 1730 · Lanzarote