La ‘sacarocracia’ y la privatización del agua en la Canarias azucarera (1480-1525)
La historia de Canarias en el tránsito entre los siglos XV y XVI está marcada por un fenómeno singular: la emergencia de una élite azucarera —la llamada “sacarocracia”— que transformó radicalmente el acceso y la gestión del agua en el archipiélago. Este proceso no solo impulsó la economía insular, sino que también sentó las bases de una cultura jurídica diferenciada en torno al recurso hídrico1.
El agua: motor de la agroindustria azucarera
El cultivo de la caña de azúcar requería tierras fértiles y, sobre todo, un suministro constante de agua. En las islas, especialmente en Gran Canaria y Tenerife, la distribución de tierras y aguas tras la conquista se realizó siguiendo modelos jurídicos peninsulares, pero pronto surgieron tensiones. La demanda creciente de agua para los ingenios azucareros llevó a la creación de un mercado del agua y a la ruptura del tradicional vínculo entre tierra y agua.
De bien común a propiedad privada
Inicialmente, el agua era considerada un bien común, gestionada por los llamados Heredamientos, instituciones que regulaban el uso y reparto entre los colonos. Sin embargo, a medida que la agroindustria crecía, la “sacarocracia” —formada por conquistadores, grandes comerciantes y banqueros, muchos de origen genovés— utilizó su influencia para modificar las normas y facilitar la privatización del recurso. El agua comenzó a desvincularse de la tierra, convirtiéndose en un bien que podía ser comprado, vendido o arrendado, y cuyo acceso dependía cada vez más del capital invertido en obras hidráulicas como acequias, albercones y maretas1.
La remuda de tierras cansadas y el dominio de la sacarocracia
Una de las claves de este proceso fue la llamada “remuda de tierras cansadas”: cuando las tierras de caña agotaban su fertilidad, el derecho al agua permitía a sus propietarios trasladar el recurso a nuevas parcelas, desplazando a los pequeños colonos de secano. Así, la sacarocracia fue acumulando grandes extensiones de tierra y controlando la mayor parte del agua disponible, mientras que la población campesina quedaba relegada a un segundo plano.
Un sistema hidráulico singular
El resultado fue la consolidación de un sistema hidráulico basado en la propiedad y gestión privada del agua, muy diferente al modelo comunal original. Esta transformación, impulsada por la presión de los mercados europeos y la necesidad de maximizar la producción azucarera, tuvo profundas consecuencias sociales y económicas, y su huella se percibe aún hoy en la cultura del agua en Canarias1.