La Conquista Señorial de Canarias: Normandos, Poder y Sociedad
La historia de la conquista de Canarias está marcada por dos grandes modelos: la conquista señorial y la conquista realenga. En este artículo nos centraremos en la conquista señorial, un proceso protagonizado por aventureros normandos y castellanos que, con el apoyo de reinos europeos, transformaron radicalmente la sociedad y el paisaje de las islas[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
El papel de los normandos: Béthencourt y La Salle
La conquista señorial de Canarias comenzó en 1402, cuando Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle partieron desde Normandía (Francia) con el objetivo de obtener recursos como la orchilla (un tinte natural muy valorado) y esclavos. Béthencourt, motivado por intereses comerciales, y La Salle, ansioso de convertirse en señor de las islas, desembarcaron primero en Lanzarote, donde encontraron una población diezmada por anteriores incursiones esclavistas. Los majos, habitantes de la isla, no opusieron resistencia y Béthencourt pactó con el rey Guadarfía, asegurando la protección de los indígenas bajo su mando[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
Rebeliones y consolidación del poder
Tras la ocupación de Lanzarote, los normandos pusieron rumbo a Fuerteventura, donde la resistencia fue mayor. La Salle tuvo que enfrentar rebeliones tanto de sus propios hombres como de los indígenas. Finalmente, en 1405, los jefes tribales Guise y Ayose se rindieron y fueron bautizados, marcando el inicio de la dominación europea en la isla. En El Hierro, Béthencourt desembarcó sin encontrar resistencia, gracias a un acuerdo con un indígena capturado previamente[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
El señorío y la transformación social
La conquista señorial implicaba que los conquistadores, en nombre de la Corona de Castilla, se convertían en propietarios de las tierras conquistadas. Estos señores repartieron las tierras entre sus seguidores y colonos a cambio de tributos, instaurando una nueva estructura social y económica. Los indígenas que colaboraron con los conquistadores recibieron pequeñas parcelas, pero la mayoría perdió sus derechos y fue sometida a nuevas leyes, creencias y formas de vida[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
Conflictos y resistencia
No todas las islas se sometieron fácilmente. En La Palma, Gran Canaria y Tenerife, los intentos de conquista señorial fracasaron inicialmente debido a la fuerte resistencia de los pueblos indígenas. Ejemplo de ello fue la muerte de Guillén Peraza en La Palma en 1447, emboscado por los palmeros bajo el mando del rey Echedey. En La Gomera, aunque la unión al señorío se realizó sin violencia, las tensiones culminaron en la Rebelión de los Gomeros de 1488, que resultó en la muerte de Hernán Peraza y la esclavización de muchos gomeros[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
El legado de la conquista señorial
La conquista señorial dejó una profunda huella en la historia de Canarias. Los normandos y sus sucesores establecieron las bases de una nueva sociedad, marcada por la desigualdad, la introducción de nuevas creencias y la transformación del paisaje. Sin embargo, la cultura indígena sobrevivió en parte, fusionándose con la europea y dando lugar a la identidad canaria actual. Hoy, nombres de lugares, tradiciones como el silbo gomero, la lucha canaria o el gofio, son testimonio vivo de esa compleja herencia[^historia-y-patrimonio-vol2-primaria-1].
La conquista señorial es, por tanto, un capítulo esencial para comprender cómo las Islas Canarias pasaron de ser un mundo aislado a formar parte de la historia global de Europa y el Atlántico.